Crónica policiaca para el 2012

http://www.elpostantillano.com/justiciasocial.htm

Por: Gary Gutierrez (Especial para EPA) 27/12/11

Apenas el reloj marcaba las seis y cuarto de la mañana, cuando el timbre del teléfono interrumpió el sueño que se supone durara hasta las ocho o nueve de esta mañana de lunes posnavideño.

Tratando de tomar conciencia, escucho que un compañero de una emisora de radio me solicita  una reacción a la incidencia criminal que caracterizó el fin de semana en que la cristiandad celebró el aniversario número 2011 de aquel rabino rebelde que más tarde identificaron como dios.

Mientras espero por mi turno, escucho como la audiencia opina sobre el llamado problema de la criminalidad. 

Todas menos una de estas expresiones reproducían inconscientemente la visión oficialista que define la llamada criminalidad como un problema en sí mismo, una burbuja de comportamientos productos de la influencia diabólica, la falta de valores o de mentes enfermas que impiden al ser humano controlar su naturaleza pecaminosa y hedonista.

Sólo uno de los participantes planteó la relación entre la llamada criminalidad y la falta de legitimidad de un gobierno que se olvida de los seres humanos declarándose como un mero facilitador para que la empresa privada controle y organice la sociedad como a ella le convenga.

Llegado mi turno,  comenté como el  asesinato reportado en un centro comercial dramatiza lo absurdo de creer que con más tecnología y guardias se van a evitar los crímenes y la violencia.

Este incidente demuestra como estos sicarios cumplieron con su fatal encomienda a pesar de que el lugar donde se encontraban probablemente es uno de los espacios públicos más protegidos por cámaras, controles de accesos y personal de seguridad en nuestra sociedad: el Mall.

Terminé mi participación radial reflexionando como la violencia del fin de semana y las reacciones a la misma, dramatizan los paradigmas que debemos cuestionar para poder manejar mejor la criminalidad.

Primero, entender que el crimen no es una burbuja aislada del resto de la sociedad, sino que es el resultado esperado de  las estructuras sociales de exclusión en las que se basa este orden de explotación.

Segundo,  que si no modificamos ese orden social excluyente, no importa las cámaras, los controles de accesos o los policías, el comportamiento criminal seguirá siendo una forma para que sectores de la sociedad se sientan ilusoriamente empoderados haciéndole frente a ese orden social que los excluye.

De no ser así, desde ahora estipulamos que la crónica policiaca del 2012 ya está escrita…

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