Publicado originalmente en 80grados.net

El movimiento de anarquismo silvestre que surgió a principios de año en el norte de áfrica y que maduró en Europa bajo la bandera de la indignación, finalmente llegó a Estados Unidos.

Contrario a lo que pensábamos algunos, sectores jóvenes de clase media estadounidense superaron la ilusoria autoconstrucción de que eran incluidos en las bienandanzas del sistema y despertaron para realmente ver cómo los niveles de exclusión en su país aumentan con cada dólar de ganancia que reportan los “mogules” de Wallstreet.

De esa manera, y siguiendo el llamado que Stéphane Hessel hiciera en diciembre de 2010 mediante la publicación de su libro ¡Indignez vous!, miles de jóvenes estadounidensesocuparon durante las pasadas semanas espacios públicos y semipúblicos en las principales ciudades americanas para esbozar sus reclamos de inclusión y participación real en la vida colectiva de sus sociedad.

Al igual que sus homólogos españoles, los indignados americanos que ocuparon estos espacios, se organizaron de forma anárquica y casi sin jerarquía manejaron democráticamente las situaciones diarias y de estrategia que una empresa como esa genera.

Precisamente, haber demostrado la funcionalidad y eficiencia de esas estructuras, o no-estructuras, organizacionales es lo que se puede ver como el segundo gran logro de este movimiento a nivel mundial.

Digo el segundo, pues la movilización y concientización de hombres y mujeres en su mayoría blancos, pertenecientes a la clase media educada que se sentían parte del sistema y creían que el sistema siempre estaría allí para protegerlos, tiene que ser señalado como el primer logro de este novel movimiento.

Esta pasada semana, la tendencia, moda o novedad de ocupar espacios para dramatizar la indignación ante la exclusión social y la carga que se impone en el pueblo para beneficiar al 1% de la sociedad, llegó a Puerto Rico.

Al momento en que escribo, varios cientos de personas “ocupan” la llamada Milla de Oro en Hato Rey, centro simbólico del poder financiero en la isla, en espera de que durante la semana se les unan otros sectores sociales.

El esfuerzo aparenta ser la tercera intentona de movilizar esa clase media contra un sistema que pretende exigirle que ella pague el costo de enriquecer al 1% más adinerado y de mantener también al por ciento de la población que no reporta ingresos formales y que recibe ayudas gubernamentales.

Digo tercer intento pues se pudiera ver el movimiento estudiantil del pasado año como el primer ejercicio de “ocupación” en la isla. Nótese que los compañeros y compañeras universitarias que ocuparon el campus de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico corresponden a esa descripción detallada de los que hoy ocupan Wallstreet.

El segundo atentado de movilización se produjo durante el verano cuando, inspirado por los jóvenes españoles,  decenas de personas en su mayoría jóvenes de clase media con educación, “ocuparon” por un fin de semana la Plaza de Armas en el Viejo San Juan.

Nadie puede estar seguro de cuáles serán los resultados que este nuevo esfuerzo puede producir. De igual forma, nadie puede realmente detallar qué lograrán los “indignados” y los “ocupantes”.

Antonió Negrí, coautor de los libros Imperio del 2000, Multitud del 2004 y otro próximo a publicarse Commonwealth, explicó en una entrevista reciente, Público.es, que probablemente estos movimientos irán  pasando lentamente a la historia. No obstante, Negrí explicó que la aportación de estos es importante en cuanto encienden la llama de la reflexión y la discusión sobre la necesidad de crear nuevas estructuras ante un capitalismo salvaje que cada vez la excluye más y exige más a los menos aventajados.

Al ser preguntado sobre el valor y la aportación de estos movimientos por la publicación cibernética, Negrí sostuvo:

“Creo que sí, porque un movimiento, llámalo Mayo del 68 o indignados o acampados, incide sobre una escena global que provocará el inicio de las discusiones. No nos sacará de la crisis, desde luego, pero ayudará a reflexionar cómo salir de ella. Se construirán ideas nuevas sobre la representación, sobre la presencia de los ciudadanos, el modelo de cultura y los instrumentos de comunicación e intelectuales relacionados con los recursos informáticos”

Si en algún sitio es cierto que estas ocupaciones generan gran discusión es en las redes sociales.

Diariamente. cientos de miles de mensajes, probablemente millones, surcan el ciberespacio y abarrotan los “muros” de Facebook y los perfiles de Twitter dejando una documentación casi universal donde no se escapan sucesos, discusiones o reflexiones relacionadas al tema.

En medio de esa telaraña informática, sobresalta un mensaje inmortalizado en la cuenta de Twitter de la licenciada puertorriqueña, Amarilis Pagán.  En medio de ese mar de llamados a ¡OCUPAR!, la joven letrada y bloguera nos invita a ¡DESOCUPAR!

“Espero que luego de @Occupy_PR des-ocupen a Wal Mart, Sams y Costco. Digo, para ser congruentes con el discurso”, escribió genialmente la “tuitera”.

Su grafiti cibernético,  nos recuerda el ensayo “Consumidores y Ciudadanos” donde Néstor García Canclini nos explica que las verdaderas luchas sociales y políticas en esta época no se materializan necesariamente en la participación política, ya sean esta marchas, protestas, elecciones u ocupaciones en este caso. Según Garcia Canclini, la resistencia política y social del siglo XXI se hace cuando decidimos dónde consumimos y dónde gastamos nuestro dinero.

Al comprar en un pequeño comercio que encarna los valores del llamado “fair market” estamos escogiendo una organización más justa que cuando gastamos el dinero en una cadena de tiendas de mega-cajones que sirven de sostén al aparato capitalista que nos explota. Tan simple como eso.

Por supuesto que ocupar los espacios es importante; definitivamente nuestra voz es necesaria en las consignas, como decía el cantor; seguro que la presencia en la marcha es imperiosa.

No obstante, las ocupaciones, marchas y protestas serán inconsecuentes mientras continuemos comprando Soy-Lattes dobles a precios escandalosos en una simulación de Café comunal o mientras estemos dispuestos a “ocupar” el pasillo de Plaza haciendo fila para entrar a la última tienda de moda que acaba de abrir una supranacional del entretenimiento.

Así las cosas, como nos advierte la licenciada Pagán, no sólo es necesario “ocupar”, es indispensable desocupar…“Digo, para ser congruentes con el discurso”.

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