La juventud y la criminalidad: “lo peor está por venir”

Por: Ely Acevedo Denis 08/09/2011 11:05 am
http://www.noticel.com/noticia/109755/la-juventud-y-la-criminalidad-lo-peor-esta-por-venir.html
El temor y la desesperanza se han apoderado de muchos puertorriqueños, que no ven salida para solucionar la problemática social que se vive en el país. Los jóvenes no son la excepción.

La ola de violencia que azota a diario a la Isla no parece dar tregua, mientras las víctimas, que dejan un gran vacío entre amigos y familiares, frecuentemente pasan desapercibidas por la sociedad.

Algunas logran trascender momentáneamente en la discusión pública, como la de los dos jóvenes voleibolistas asesinados la madrugada del  lunes, cerca de las inmediaciones de Shannan’s Pub en Guaynabo, pero esa no es la regla. Lo cierto es que detrás del caso de Walter Quiles Rodríguez y Wilfredo Sevilla Alsina, ambos de 23 años, saltan los rostros de cientos de jóvenes que han perdido la vida en los últimos años, ya sea porque resultaron víctimas de algún delincuente o porque son los autores de los actos violentos.

Para analizar el momento por el que está atravesando Puerto Rico, NotiCel contactó a dos psicólogos y un criminólogo que se adentraron en las situaciones políticas, económicas y sociales que desembocan en la imparable ola criminal. Coincidieron en que el problema es multifactorial, pero está matizado en gran medida por la ausencia de políticas gubernamentales efectivas y por la cultura del consumo. Lo peor es que no hay una solución a la vista que cambie la tendencia.

El veterano psicólogo clínico Miguel Pagán expuso que en el caso de los voleibolistas, que no ha sido esclarecido aún, se puede concluir que “fueron víctimas de nuestra sociedad en descomposición”.

A su entender, los victimarios posiblemente eran jóvenes antisociales que sabían lo que estaban haciendo, los emboscaron y los mataron. Del mismo modo, evaluó que tuvieron que haber matado antes porque no “tuvieron ningún tipo de reparo en ejercer un tipo de violencia tan desproporcionada”.

El caso es igual con los dos adolescentes de 17 años, Erick Cordero Barreto y Octavio Salas Barreto, que asesinaron y decapitaron al contratista Agustín Areizaga Cordero en Moca. Pagán señaló que posiblemente sufrían el trastorno antisocial de la personalidad, como aparece en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), libro base de la psiquiatría.

El psicólogo clínico puntualizó que dicho trastorno puede desarrollarse desde los 10 años y en muchas instancias es la antesala a que la persona afectada se convierta en sociópata, característica que distingue a muchos criminales reincidentes y delincuentes de alto perfil. Se entiende que hay una mayor incidencia entre los varones, lo que coincide con la cara masculina de las estadísticas de los crímenes violentos en la Isla.

Los sociópatas son individuos que acostumbran a violar las leyes y los derechos de los demás, y que carecen de empatía hacía sus víctimas.

El experto señaló que los psicólogos cuentan con la tecnología necesaria para identificar a estos adolescentes desde que cursan su segundo y tercer grado de escuela elemental. Sin embargo, lamentó que trabajar con esta problemática no sea una prioridad para el Gobierno y la sociedad.

Pagán destacó que los muchachos que son catalogados como personas desviadas o criminales, también son víctimas porque frecuentemente provienen de hogares con patrones de maltrato o de una subcultura llena de violencia. Debido a esta situación, muchos operan bajo unos códigos de “honor” que desconocen lo que es la negociación de conflictos.

La doctora Albarosa Alicea concordó en que este tipo de episodios y la violencia extrema que vive el país en general responden a múltiples factores. A su juicio, tanto el caso de los voleibolistas como el de los jóvenes que decapitaron al contratista “muestran dos caras de la misma moneda, que es la insensibilidad al factor humano”.  Agregó que casos como estos tienen impacto en la psiquis colectiva porque las personas se sienten vulnerables.

Entre los factores, mencionó la crianza y la cultura de la violencia a la que están expuestos los jóvenes a través de  los juegos electrónicos, las noticias y las películas, entre otros, que hacen que las personas se desensibilicen.

Aunque el problema de la criminalidad lleva azotando a la Isla por décadas, los asesinatos y el nivel de violencia que conllevan ha alcanzado niveles récord, con más de 800 asesinatos en lo que va del 2011.

Pagán, quien estimó que la crisis es mucho más profunda desde el 2006, dijo que el problema comenzó a intensificarse debido a que, desde la década del 90, las políticas neoliberales que han prevalecido en el país han llevado al cierre de unos 13 centros de salud mental y la privatización de esos servicios, dejando a los pacientes mentales a la deriva.  A esto, se añade la falta de confianza de los ciudadanos en el Estado, lo que provoca que los testigos del crimen no quieran hablar y que queden impunes los casos.

“El problema de la criminalidad lleva décadas, pero lo peor está por venir”, sentenció.

El criminólogo Gary Gutiérrez, coincidió con ello pero indicó que el crecimiento más dramático ha sido en los últimos dos o tres años. Igualmente atribuyó parte de la problemática a las políticas neoliberales y al bagaje histórico-cultural de la Isla

“El puertorriqueño del siglo 21 es producto de unos procesos culturales que son bien violentos”, afirmó Gutiérrez.

Mencionó que estos procesos culturales son el coloniaje, el machismo y el capitalismo. Destacó que en los procesos capitalistas, que se han incrementado, “unos pocos aparecen ganando grandes cantidades y la gran mayoría queda excluida”. Dentro de su ensayo Crónicas de una Criminalidad Anunciada, el estudioso pronosticó en el 2009 que las políticas de la administración de Luis Fortuño iban a desatar grandes problemas sociales.

Algunos expertos han denominado este fenómeno como “bulimia social”, en otras palabras, las personas excluidas no tienen la capacidad económica para consumir,  pero la sociedad les impone ciertas necesidades de consumo.

“Son personas desvaloradas y frustradas que pueden empezar a ver en el crimen una opción para llegar a ello”, precisó. De hecho, estas personas ven la violencia como una forma ilusoria de tener poder y dignidad.

Gutiérrez lamentó que el Gobierno mire la criminalidad como una burbuja aparte de la sociedad y sostuvo que el simplismo con el que se trabaja el tema es el causante de gran parte del problema.

Opinó que el trabajo de cada individuo no adquirirá trascendencia hasta que el Estado no trabaje con la inclusión de ciertos sectores de la población. Sostuvo que las políticas como “Mano dura contra el crimen” de la administración Roselló y que Fortuño ha tratado de emular, no resuelven nada porque aumentan la exclusión de los mencionados grupos.

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