Por: Gary Gutiérrez

Mientras gran parte del país centraba su atención en el regreso de unos de sus hijos quien se destacó como deportista en los Estados Unidos de América y sufriendo del calor ponceño, mi mente divagaba al darle el último adiós a un pariente fallecido.

Al igual que el héroe deportivo, mi pariente, o más bien sus restos, también regresaban de los Estados Unidos.

Sin embargo, los restos de mi tío, quien fue parte de esa generación que durante el primer tercio del siglo XX se montaron en el “Marine Tiger” o más tarde en “Pan-Am” en busca del sueño americano, no fueron recibidos por una multitud. Al fin y al cabo, fue solo otro migrante anónimo, sin rostro, de los que nunca salen en los periódicos a menos que no fuera arrestado por algo.

Entre tumbas y escombros, caminaba por el Cementerio Civil de Ponce y pensaba como él fue parte de esa generación que dejó su vida en las cocinas y “factorías” neoyorquinas, que aguantó abusos y explotación, para enviarle el dinerito a la vieja y a sus familiares en la isla.

Pensaba como a esos nadie les llama héroes. Esas cinco letras y un acento que tanto se utilizó esta semana en los medios de comunicación para describir esa celebridad mayagüezana que regresó triunfante.

Minutos más tarde, a la salida del cementerio, mi vista detectó el Mausoleo de los Bomberos y nuevamente el término héroe surgió en mi mente. Allí estaba frente a mí la vetusta y olvidada estructura que el pueblo ponceño construyó a principio del siglo XX con la intención de inmortalizar a los voluntarios que por generaciones les protegieron de la infernal voracidad de los fuegos.

Verdaderos héroes como aquellos que en 1899, desafiando a los militares estadounidenses, se abrieron paso por la calle Comercio y controlaron el “fuego del polvorín”.

Gracias a esos valientes insurrectos hoy podemos decir Ponce es Ponce, pues sin ellos no habría Ponce. Sin embargo hoy, mientras nuestras generaciones construyen como héroes a pasajeras celebridades y mientras los políticos les dedican calles y avenidas a esos famosos, allá colindando con La Morel y vigilante de Clausell, se derrumba víctima del tiempo y el olvido un símbolo de gratitud para verdaderos héroes.  Como sus gestas, el concreto y el metal, poco a poco van desapareciendo en el tiempo y quedando en el olvido

. No sé quién es el encargado de la Tumba de los Bomberos en el Cementerio Civil, lo que si se es que todos y todas somos responsables y culpables por el deterioro en que se encuentra esa emblemática estructura. Se dice que un pueblo sin historia no es un pueblo, es sólo un reguerete de gente. Ante el deteriorado monumento me pregunto, ¿qué somos los ponceños en el siglo XXI? Paz

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