Por Gary Gutiérrez

Al igual que la lucha contra el gasoducto en Puerto Rico, la batalla que el grupo Amigos de los Árboles declaró contra la cadena de farmacias Walgreens, significa mucho más que una defensa ambiental.

Estos son solo expresiones locales locales de una guerra global.

Luchas que encarnan el choque entre los que entienden que el futuro de la humanidad se tiene que garantizar reordenando la sociedad para beneficio del colectivo y aquellos que quieren mantener  los privilegios que gozan en el actual “orden”.

Con los cuentos de la globalización y del poder auto-regulatorio del mercado, los privilegiados del sistema mantienen una organización social darwinista basada en el canibalismo social, donde el tener más fuerza da derecho a explotar a los más débiles.

De esta manera, eso “poderosos “utilizan su capacidad para desarrollar una sociedad donde el resto son meros “recursos humanos” para que le genere  ganancias.

De igual manera, estos privilegiados utilizan los aparatos ideológicos,  como los medios de comunicación y la escuela,  para vendernos el discurso de que  el sistema es justo, de que cuando ellos aumentan sus riquezas nos beneficiamos todos, de que aquellos que trabajen duro lograran ser parte de los beneficiados, de que los que no progresan es porque son vagos y no quieren trabajar.

De igual forma, venden la idea de que todo aquel que no esté contento con este sistema es un agente disociador, un peligro para los ciudadanos de bien que quieren vivir bajo la ley y orden.

Ellos se saben en control y están claro que el resto estamos obligado, por darwinismo o cristianismo,  a seguir sus designios.

Después de todo, “¿por qué escogieron ser pobres?”

De esta manera, cuando la supranacional UNIÓN FENÓSA decidió que sería beneficioso para ellos rajar la isla con un tubo, ¿quiénes somos nosotros para decirle que no?

Acaso no son ellos los que saben de eso, además si es bueno para ellos por qué no será bueno para todos nosotros.

El mismo caso de Walgreens, como no ves ser bueno que ellos acaparen el mercado de los medicamentos en la ciudad, si ellos crean empleos para los que quieren trabajar.

Si esos trabajos cuestan un par de árboles, congestión de transito en la entrada de la ciudad, la desaparición de empresas locales y la fuga de capital, pues es solo un pequeño precio a pagar por la oportunidad de insertarnos en la globalización y las tendencias  del mercado.

“Such is life”; así es la vida y nadie la va a cambiar.

De frente a este pensamiento, están los mismos de siempre, los pelú, los revoltosos, los que se quejan de to’;  o los soñadores, románticos, idealista que se creen que las cosas pueden ser de otra manera.

Estos son los que creen que el ser humano, no está sobre la naturaleza, es la naturaleza.

Estos son los que entienden que la sociedad es una herramienta para que cada uno aporte como pueda y reciba de acuerdo a lo que necesite.

Los que creen que los que más tienen, son los que más deben aportar.

Quienes etiendienden que los que más disfrutan del producto colectivo, son los que mayor precio deben pagar por su participación.

Los que no hacen distinción entre la importancia social del médico y la del conserje, pues ambos son necesarios para nuestra salud.

En fin, los que entienden que un árbol vale más que el acceso visual a la entrada de un negocio.

Que el vecino,  porque junto a mí hacemos comunidad, tiene que ir primero que los intereses de compañías para quién esa comunidad es solo un “mercado”.

En fin, los que entienden que el valor del ser humano debe ser siempre mayor que el del capital.

Eso es lo que verdaderamente está en juego en ese pequeño bosque urbano ponceño que hoy se torna en  uno de los campos de batalla de ese conflicto global donde nos va la vida  como pueblo.

Paz

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