A difernencia de los puertorruqueños, Los jóvenes españoles se saben excluidos del sistema

Por Gary Gutiérrez

Mientras hacía fila en una de esas tiendas que en realidad son un pulguero glorificado, los minutos se hacían eternos.

Mi impaciencia aumentaba porque la espera me condenaba a escuchar la conversación de cuatro jóvenes adultos que estaban frente a mis.

Entre bromas y  risas infantiles, los jóvenes discutían cual de todos tenía más capacidad de gastar y porque uno u otro no tenían dinero para comprarse cosas.

Buscando protección, mi mente se refugia en un artículo que acababa de leer titulado “Lo llaman democracia y no lo es” de la pluma de  Ángeles Diez y publicado en www.rebelión.org

La autora comienza el escrito estableciendo como la espontanea respuesta de los jóvenes españoles no solo estremeció a los funcionarios electos y a los políticos de carrera, sino que de igual manera le halo la alfombra de debajo de los píes a los dirigentes sindicales y los de de la llamada sociedad civil organizada española.

Con gritos como “Rubalda tiene un problema” , que coreaban en la Puerta de la Solución[1],  los auto-convocados jóvenes dramatizaban sus posturas frente a excluyente  estructura social y económica en España y el mundo.

La consigna no solo es un grito contra el actual gobierno de Partido Socialista Español, encarnado en la figura del ministro del interior Alfredo Pérez Rubalcaba, es un grito contra todo un sistema político y económico que, imponiendo las medidas neoliberales, le dio la espalda al pueblo para respaldar las estructuras económicas en la espera que estas crezcan y repartan bienestar con lo que le sobre.

Con el estribillo, los auto-convocados manifestantes dramatizaban como la toma de conciencia  sobre lo que verdaderamente debe ser la democracia y a quien debe servir la misma,  le crea un verdadero problema a la estructura política y financiera de España y del mundo.

“El problema consiste en que no es la gente quien ignora el significado de la democracia,  sino todo lo contrario” estipula Diez

Por eso, continua explicando, los amotinado en control de la Plaza desafían, rechazan y deslegitimizan las estructuras políticas establecidas como alternativa para resolver los problemas que les aquejan. Es decir, probelmas como la falta de trabajo digno y el desmantelamiento de la seguridad social y educativa de su país.

Pero por esa misma razón estos empoderados jóvenes niegan el protagonismo a las gastadas organizaciones de la llamada oposición.

En esta ocasión es el pueblo español, sin intermediarios como los dirigentes sindicales y de la llamada sociedad civil  quienes al fin al cabo,  terminan también viviendo y reproduciendo el sistema de explotación y exclusión existente.

Los españoles se dieron cuenta de que la espiración a eso que se llama “democracia”,  se tiene que ejercer colectivamente desde el individuo o individuas y tiene que servir colectivamente a todos los individuos o las individuas.

Los españoles apostados en esa plaza saben que los partidos políticos, así como las viejas estructuras sindicales y comunitarias productos del siglo XIX,  colapsaron como alternativa para alcanzar ese ideal democrático.

Al contrario, estas instituciones son el principal escoyo en el camino a una quimera libertaria.

Por eso “Rubalda tiene un problema”, por eso Zapatero “tiene un problema”, por eso Rajoy “tiene un problema”, por eso tanto el PSOE como el PP “tienen un problema”.

Pero por eso también es que ni Fortuño, ni Garcia Padilla tienen problemas.

No tienen problemas porque ellos saben que nuestros jóvenes no ocupan plazas indignados o indignadas exigiendo democracia, están ocupados en el “mall” buscado que consumir.

No tienen problemas porque ellos saben que para los y las dirigentes sindicales, garantizar su espacio es prioridad frente a las reivindicaciones de sus matrículas.

No tienen problemas porque ellos saben que para la mayoría,  el problema no es la corrupción rampante, sino el hecho de que ellos o ellas no se beneficien de la misma.

En fin no tienen problemas porque ellos saben que a la mayoría no les interesa empoderarse de sus vidas y que se conforman con un trabajo de salario mínimo que les permita pagarse un carro, la gasolina y el celular.

Ni Fortuño ni Garcia Padilla tienen problemas porque saben que este pueblo todavía compra el cuento de que la democracia es votar un día cada cuatro años.

De repente mi mente regresa al escuchar… “próximo en la fila por favor.”


[1] Nombre que los manifestantes españoles usan para identificar la Plaza del Sol en Madrid

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