Por Gary Gutiérrez, publicado en La Perla del Sur

Como parte de la celebración en Ponce de la independencia de República Dominicana tuve la oportunidad de disfrutar de uno de los espacios más hermosos con que cuenta la Ciudad.

Hace unos días, en uno de los jardines que conforman el Parque del Tricentenario, adjunto al Puente de los Leones, acompañé a mis amigos quisqueyanos en un acto donde se ubicaron ofrendas florares al pie del busto de uno de los padres de su patria, Juan Pablo Duarte.

Mientras mi hija adoptiva y periodista dominicana, Annie Tejada de Aza, invitaba a reflexionar sobre la importancia de que cada dominicano en Puerto Rico encarne los valores que dieron base al pensamiento de Los Trinitarios, mi mente divagaba a una situación que por décadas me perturba.

El Jardín donde se llevó a cabo la actividad de recordación está diseñado en forma circular y a su alrededor una acera da acceso a cuatro bustos que recuerdan sendas figuras históricas.

Como ya mencioné, uno de los bustos recuerda al “padre de la patria dominicana”, Juan Pablo Duarte.

Otro de los gigantes que allí se inmortalizan es el cubano José Martí, quien dirigió las luchas para liberar a Cuba del dominio Español.

El tercero, se levanta como homenaje a la figura de Simón Bolívar, ‘El Libertador”, padre de múltiples naciones y probablemente el latinoamericano más importante del siglo XIX.

La cuarta estatua que allí se levanta, -y el motivo de mi perturbación- es la figura del puertorriqueño Luis Muñoz Marín.

Consciente de  que mi preocupación puede tomarse como un ataque a la muy querida figura del primer administrador del Estado Libre Asociado, dejo claro que mi reflexión no intenta bajo ningún concepto atacar, menospreciar o dañar la memoria de Muñoz.

“Dios me libre”. Tal afrenta sería faltar a mi abuelo Pedro, que tanto respeto tenía por el patriarca del Partido Popular.

No obstante, cada quien en su lugar.

Muñoz está al nivel de figuras como Betancourt en Venezuela, Figueres Ferrer en Costa Rica o Bosch en la República Dominicana.

Es decir, administradores latinoamericanos que en medio de los conflictos del siglo XX, trabajaron dentro de sus limitaciones para adelantar las causas sociales de sus pueblos.

Estipulada la aclaración, honestamente tengo que preguntarme si Muñoz Marín es el puertorriqueño idóneo para pararse al lado de gigantes como Bolívar, Duarte y Martí.

Al analizar las figuras de estos libertarios, se identifican dos cosas que los tres tienen en común y que le faltan a Muñoz.

Para comenzar, los primeros tres son figuras de trascendencia continental.

Tanto Bolívar como Martí y Duarte, se conocen por sus luchas libertarias en sus países natales y su pensamiento y vida son ejemplos para los que sueñan con una Latinoamérica libre de todo vestigio colonial.

De igual manera, los tres se conocen por su compromiso con el uso de todos los medios, incluyendo los bélicos y revolucionarios, en la lucha por la independencia de sus naciones.

Utilizando esos parámetros, tengo que llegar a la conclusión de que son muy pocos los puertorriqueños con estatura para erguirse en medio de tan selecto grupo de libertarios.

Tras consultar con varios compañeros, entre los que se encuentran admiradores de Muñoz Marín, anoté el consenso de cuáles boricuas pueden pararse a nivel de los iconos libertarios de América Latina.

Estos son el caborrojeño Ramón Emeterio Betances, el ponceño Pedro Albizu Campos y el mayagüezano Eugenio María de Hostos.

El primero por revolucionario y filántropo, el segundo por educador y pensador, y el tercero por nacionalista y revolucionario, son los únicos hijos de esta tierra con estatura para calzar las botas de Martí, Duarte o Bolívar.

Dice la tradición que es de hombres y mujeres errar… y de sabios y sabias rectificar.

Me parece que la inclusión de la figura de un administrador como Luis Muñoz Marín entre los ‘libertadores” latinoamericanos es un error histórico que nuestra generación está obligada a corregir.

La figura de Muñoz tiene una importancia única en nuestra historia y su busto está bien puesto en cualquier lugar del País. Incluso a la entrada del parque donde está ubicado su busto ahora mismo.

No obstante, ubicar a Luis Muñoz Marín en ese círculo, pretendiendo que está al nivel de Bolívar, Martí y Duarte, es faltar el respeto al pensamiento libertario de los dos últimos y ser injusto con la memoria del primero.

Me pregunto si de estar vivo “Don Luis”, como le decía mi abuelo, hubiera permitido tal comparación.

Paz.

20 de abril de 2011

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