Por Gary Gutiérrez

Fue como llegar a un oasis en el desierto.

Tras unas dos horas corriendo bicicleta por la ciudad, incluyendo el Paseo Lineal y el Parque Monagas,  arribamos al casco histórico con el calor pega’o a la piel.

La ruta nos llevo a la calle Cristina esquina Mayor donde encontramos refugio del calor y la sed en Dulce Fruta, otra de las nuevas propuestas gastronómicas en la ciudad.

Allí como en otras ocasiones, el siempre sonriente, artesano, músico, quijote urbano e insurgente en  favor de cualquier causa en contra de los que no mandan, Pancho, nos dio la bienvenida.

Había visitado antes este espacio, siempre para tomar un posillito de café y siempre con prisa. Pero esta vez, que es sábado por la tarde, es diferente, estoy cansado, suda’o y acompañado de buena compañía por lo que  no hay prisa.

Pedimos una picadera pa’ comenzar y nos ubicamos en una esquina ocupando treinta por ciento del pequeño pero acogedor local .

Según la temperatura bajaba, el cuerpo se amoldaba al banquito y el espíritu a la atmosfera.

Un ratito más tarde, llego un platito de quesos, frutas y embutidos,  que nos completó el cuadro de lo que perfilaba ser una tarde perfecta.

En minutos, solo los tallitos de las uvas quedaron como evidencia de lo que fue una hermosa presentación.

Entre cuentos, historias, exageraciones, chistes impropios, quejas del gobierno  y maldiciones al IVU-Loto, pedimos unos platos fuertes para reponer las calorías perdidas en el pedaleo, “recovering” le dicen los ciclistas de alto rendimiento.

Nosotros no somos de alto rendimiento,  pero comemos como si lo fuéramos.

Minutos más tardes, llegaron nuestros platos para sorprendernos de manera agradable.

La pasta en aceite de oliva y ajo con pollo, sabrosa. “El aceite es como comer mantequilla con ajo” comentó uno de los que me acompañaba.

La verdad que  el  aceite es sabroso, muy sedoso con un maravilloso color verde, que destapa las venas solo de olerlo.  BRAVO.

Los burritos de pollo con salsa de parcha SABROOOOOOOOOOOSOS.

El dulce/acido de la fruta domestica va muy bien los pimientos y aromáticos  mientras armoniza con el pollo.  Me comí dos.

Por último la ensalada de pollo Dulce Fruta, bien refrescante.  El pollo, las manzana, peras, moras azueles y los aromáticos combinados con mayonesa sobre lechuga, refrescante y sabrosa.

Al rato llegaron otras amistades que ordenaron una batida de frutas, que según dijeron: “está mejor que la de la Plaza de Santurce”.

Comentario al que Pancho, un ponceño irredento nacido en Villalba,  contesto con:   “Pues claro que está mejor, esto es Ponce”.

Sin darnos cuenta ya eran casi las 6 de la tarde y llevamos allí más de tres horas entre comelata, café y conversación.

Ese es el mejor cumplido que uno puede hacerle a un local.

Definitivamente,  tras esta visita puedo afirmar que ya Ponce, no solo sabe a Quenepa, ahora también sabe a Dulce Fruta.

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