Por Gary Gutiérrez

¡De repente era otra cosa, estaba en otro sitio!

Atrás quedaba el bullicio de Plaza.  Ya no escuchaba el cuchicheo de la gente, ni sentía el ajoro consumista típico de los centros comerciales.

Un luminoso espacio se abrió ante mí,  causando momentáneamente una seguera blanca,  como la de Saramago.

Según mis ojos se fueron adaptando, lo que parecían cuadros azules se fueron tornando en ventanas atreves de las que podía observar otra  dimensión habitadas por voluptuosas y sensuales mujeres.

Cada una de ellas, retratos que encarnan las búsquedas, las experiencias, los
pugilatos mentales, las alegrías, las fantasías, los miedos y las aspiraciones de su creadora y de todas las mujeres.

Bajo el nombre las Vacas Gordas, esta muestra plástica nos presenta a una artista madura,  creadora, pensativa.

Atrás quedaron las  tímidas mujeres que vivan en sus cuadros oscuros y que escondía su cara revelando solo su sexo.

Ya no son las estilizadas mujeres, ideal de la belleza comercializada,  que tomaron vidas en su muestra “Out of the Blues”

Estas son mujeres de verdad, con curvas, voluptuosas y sabrosas que reclaman su espacio. Féminas que no tienen miedo en mostrar su religiosidad, su maternidad, su erotismo o sus idearios libertarios.

Mujeres que  tampoco temen al poder político y que en sus rostros coquetos se puede ver que, como las anarquistas del siglo veinte, no aceptarán abusos “ni de dioses, ni de señores”.

Son mujeres de vida propia, pero que solo habitan en el espacio de mi amiga y que solo podemos ver cuando ella nos abre las ventanas  de sus canvas.

Son las mujeres de Fulgencia Sabatier, las que ella llama sus “Vacas Gordas”  y en este momento las ventanas para verlas están en una improvisada galería en el primer nivel de Plaza del Caribe.

Vaya y permita que estas le seduzcan.

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