Publicado originalmente en  abril 18, 2008 by Cucharón Boricua| 3 comentarios

Mirando entre algunos libros de filosofía y psicología, me cruce con los escritos  del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. Entre sus trabajos me llama la atención el termino “inconciente colectivo”.

Confieso que no entendí mucho, pero me pareció interesante eso de que todos los seres humanos tenemos un conocimiento casi ancestral en nuestro inconciente. Es decir un lenguaje simbólico interno mediante el cual todos los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo usamos para crear significados.

Sin entrar en aguas profundas tratando de entender esta teoría, me pregunto si ese inconciente colectivo no es el origen de lo que en Ponce llamamos el domplín.

Es increíble, pero en todos los rincones del mundo donde hubo acceso al trigo o cereales afines, se desarrolló el mismo tipo de hogaza rustica y pequeña.

Los nativos americanos, por ejemplo,  tienen lo que  llamamos “pan frito” o “pan indio”. Una masita aplastada y estirada que lo mismo se fríe en manteca como el domplín, o que se asa entre las brazas de una fogata.

A través de todo lo que fue el imperio británico existen diferentes variedades del mismo pan frito, al que llaman lo mismo johnny cake, que journey cakes. En sitios como Australia por ejemplo, en vez de agua para diluir la harina, se usa cerveza, eliminando así la necesidad de polvo de hornear.

Incluso los biscochitos redondos con un hueco en el medio que hoy  llamamos donas, parecen ser parientes del sabroso domplin.

Si, del domplín, de esa maravillosa torta de harina frita que se prepara con huevo,  polvo de hornear, sal, leche y grasa y azúcar que es parte del desayuno o la parva tradicional de miles de puertorriqueños.

Para consumirlo, algunos lo cortan por la mitad con jamón, queso y huevo o lo rellenan con otros tipos de proteína como pernil, pastrami, pavo o pesca’o frito. Que rico con pesaca’o como lo comen en Vieques.

Otros lo comen como acompañantes de guisos como el de bacalao, o de berenjena por ejemplo. De esta manera, la esponjosa textura de la harina cocida sirve para recoger toda la salsita que quede en el plato.

Los mas “hard core” siguen el ejemplo de los bisabuelos y se los comen con habichuela. Esta costumbre se supone se desarrolló durante la Segunda Guerra Mundial cuando no había arroz.

Tal vez el dicho “falta de pan; galletas” debiera decir, a falta de pan; domplines.

Interesantemente en Puerto Rico, el nombre de este pan artesanal cambia de región a región. Lo mismo se le llama domplines, yaniclé, yani-clecas o arepas como le dicen en la Isla Nena.

De paso, es en el este y en el sur de la isla donde esta delicia de harina frita despliega sus mejores galas y donde es parte habitual del horizonte gastronómico.

Los ponceños por ejemplo, contamos con varios templos, basílicas y catedrales a esta frita ancestral. En estos centros de reverencia “colesterolostica” se despliega la diversidad de tendencias y variaciones de este sencillo pan.

Por ejemplo, en la “guaguita” del domplín -carretera número 2 y Muñoz Rivera en Ponce- la masa tiende a ser mas dulzona que en otros negocios.  Allí los domplines sin mas aplastaditos y salen rellenos. Es decir partidos por la mitad con alguna proteína dentro.

El relleno de huevo frito, jamón y queso es espectacular, pero la oferta de esta “guaguita” incluye hasta ensalada de atún.

Por otro lado, en el negocio llamado “El Domplín” la oferta es mas reducida, pero igualmente sabrosa. Los “clasicos” pastrami, bisté, huevo, jamón u queso, etc.

Aquí el pancito frito es más mullidito y también se sirve como acompañante de un cono de jamón de cocinar salteado con cebolla o de bacala’o asado.

Otro de los lugares sacrosantos del domplín, es El Trigal. Allí también el pancito frito es mullido y se rellena cortándolo por el medio. El relleno de tortilla y jamón es “BRAVO”.

En fin que en Ponce hay decenas de alternativas para consumir el tradicional panecillo frito. Prácticamente en cada cafetería se encuentra algún tipo de variedad disponible para desayunar.

No es de extrañar, el Domplín es verdadero “fast food” para comer “on the go”.

¿Quién sabe si en un futuro algún día algún empresario, prostituya esta delicia creando un Domplín King que industrialicen el tradicional pan?

Mientras esa aberración no se desarrolle, nuestra delicia nacional, el domplín, esta seguro en las manos de cientos de cocineros tradicionales que desarrollan sus bíceps amasando la harina hasta llevarla al punto perfecto.

Para todos ellos mis respetos, en cada masita que se pone a freír se consolida nuestra nación.

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