Reencuentro con viejos amigos y una visión de mundo.

Reflexión por Gary Gutiérrez

Hace unos días a su regreso de Filadelfia Sharon, mi compañera de vida, me trajo unos dvd con dos temporadas de una serie norteamericana llamada Northern Exposure. ( http://www.moosechick.com/ )

Esta serie, que conocí a finales de los años 90 y principio del siglo XXI cuando uno de los canales de cable lo retrasmitía diariamente, se filmó entre 1990 y 1995 como uno de esos programas que preparan los estadounidenses para las temporadas bajas.

Nunca intentó ser un éxito masivo y estaba dirigida a una audiencia  más sofisticada que el público masa que caracteriza a la televisión americana.

Basado en la experiencia de un joven médico que se ve obligado a trabajar en un pueblito de unas 200 personas en Alaska, ya que ese estado le pagó su carrera, la serie es un verdadero estudio de la psyquis humana.

La relación con la naturaleza, el patriotismo, los prejuicios, las paciones, la necesidad de expresar quienes somos, los lazos emocionales, la muerte, la vida, las costumbres, el inconsciente colectivo, el relativismo cultural, la necesidad del legado, la definición de lo importante o lo necesario, todo forma parte de la vida en el pequeño pueblo de Cicely, Alaska donde viven tolerándose, respetándose y apoyándose trabajadores, pequeños empresarios, soñadores, filósofos, románticos y cínicos de una variedad de culturas.

Hacía tiempo que no recibía un regalo que me cautivara tanto, fue como regresar a un lugar donde pertenezco y donde me siento cómodo sólo estando.

Algo así como lo que experimento en Café-Café o en La Casa de las Tías.

Por supuesto mi mente postmoderna no se pudo limitar a solo disfrutar del momento.  En instantes como estos cuando en la casa todos duermen y solo el sonido del jazz y el bebop opaca el silencio, mi mente rebusca tratando de entender mi fascinación con esta oscura pero legendaria serie.

¿Cómo es que me juquié con esta sería?

Al examinar detenidamente, veo que tiene mucho en común con las series que mas me gustan de la televisión americana.

Al igual que MASH, Cheers y Murphy Brown, son series de adultos, que tratan al público como adulto.

Donde no hay todo ese excremento ideológico y discursivo de la familia como única forma de organización social.

Donde la comunidad de amigos son tu sostén y tu apoyo para hacer frente a las tensiones diarias y a los golpes que te da la vida.

Donde la familia es bienvenida, pero no deja de ser parte de las cosas con las que hay que bregar en la vida. Simple y sencillamente, sin glorificaciones, ni visiones idealizada.

Una serie donde puede haber violencia, desolación y muerte, pero donde esas cosas se ven en su perspectiva de parte de la vida, sin glorificarlas o repudiarlas.

Northern Exposure, como las otras mencionadas en mayor o menor grado, es una serie que celebra la vida como es, con sus glorias y sus penas pasajeras, pero donde al final del día solo se tiene al amigo o amiga que camina junto a uno. Compañeros o compañeras con quién uno comparte lo trascedente y lo banal, los que lo aceptan a uno a pesar lo mucho que uno pelea y jode.

Es bueno volver a ver a mis “amigos” de Cicely, Alaska.

Ellos me recuerdan lo afortunado que soy por contar con esa comunidad de amigos, que al igual que los residentes de Cicely son un popurrí de contradicciones unido por la solidaridad y tolerancia producto del fortuito hecho de simplemente tener que caminar el mismo sendero durante el  mismo espacio de tiempo.

Paz

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