¿Cuán responsables somos del presente?

Por Gary Gutiérrez

Publicado originalmente en La Perla del Sur.

Mientras el locutor de turno vuela sobre la lista de cosas intrascendentes que en el país se consideran noticias, el aroma despierta mis sentidos y el negro chorrito va llenando la tacita.

Busco la azúcar morena para complementar el negro sumo y pienso que Café Mayor es el mejor negocio para comprar el café que procesa Luis Valldejuly Sastre, aún cuando hay opciones más baratas.

El sociólogo frustrado que vive en mí se apodera de mi mente.

“Claro que es mejor, al comprarle el café a Luis estás ejerciendo el derecho a decidir en qué sociedad quieres vivir”, grita mi conciencia desde lo profundo.

Es tarde, arrastrado por mis pensamientos y por el estímulo de la cafeína, me adentro en el pensamiento de García Canclini, Chomsky y Castell, quienes desde sus diferentes perspectivas nos advierten que el ciudadano ha muerto y solo los consumidores caminan por la tierra.

Atrás quedaron aquellas creencias de que el voto era la máxima expresión del poder del pueblo.

De igual forma quedan obsoletas aquellas consignas de que el voto es sagrado, por lo que ni se presta ni se vende.

El desarrollo de la publicidad, la necesidad financiera, el empobrecimiento intelectual de los candidatos y el fortalecimiento de las partidocracias enterraron el valor del sufragio como herramienta participatoria en la sociedad del siglo XXI.

En el umbral de este siglo, poco decide la participación electoral en un proceso donde se escogen entre malos y peores.

Ya en mi segundo espresso, continúo pensando sobre el asesinato de “lo ciudadano” y en el surgimiento del “consumidor”.

En tiempos en que la doctrina de Milton Fridman se hace cotidiana, su pensamiento neoliberal reduce los derechos a la acción de consumir.

Es al tomar las decisiones sobre que vamos a comprar que realmente decidimos el mundo en que queremos vivir.

Al decidir comprar el café que elaboran Luis y Chico en Café Mayor, no solo estoy seleccionando una marca de café. También estoy apostando a un sistema de organización social más justa.

Lo que quiero decir es que en este momento histórico, lo que se compra y a quién se le compra, es más importante que por quien usted vota.

Cuando usted decide comprar la ropa en un negocio local, usted está fortaleciendo una estructura comercial de trato personal que fortalece la economía local, pues ese comerciante guarda, invierte o gasta sus ganancias en la ciudad.

Sin embargo, cuando usted compra en tiendas extranjeras, usted no solo apoya una economía que se lleva del país las ganancias, con esa compra usted está apoyando -votando por- una economía impersonal de subempleos o de empleos chatarras y de productos de baja calidad producidos en condiciones precarias en el oriente.

Así las cosas, tras el tercer espressito, y forzado a prepararme para ir a trabajar, me pregunto cuán responsables somos de que los jóvenes no tengan empleos dignos que les permitan levantar una familia estable.

Cuando mis padres eran adolecentes, un empleado de tienda mantenía dignamente a su familia con los ingresos devengados en su trabajo.

¿Alguien conoce a un empleado de tienda que pueda mantenerse él solamente con el sueldo que devenga?

Al ejercer el único derecho que nos queda, que es el decidir dónde comprar, estamos decidiendo también en qué tipo de sociedad queremos vivir.

(El autor es criminólogo, profesor universitario y columnista de La Perla del Sur. Para preguntas o comentarios puede escribir a garygutierrezpr@aol.comEsta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla )

24 de noviembre de 2010

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