La realidad puertorriqueña:

¿Será medicina amarga o terapia del shock?

Por Gary Gutiérrez

¿Qué tienen en común el Chile de 1973, el tsunami de Sri Lanka y Nueva Orleans con el Puerto Rico de Fortuño? La pregunta me surge mientras me reencuentro con el libro “The Shock Doctrine” de la periodista Noami Klein.

Mientras me adentro en el contenido del libro, gracias a la maravilla del mp3, mi mente despierta a una realidad: los puertorriqueños somos sólo una víctima más de este deshumanizante proceso.

En el magistral libro, Klein explica cómo Milton Friedman, principal ideólogo del capitalismo moderno, desarrolla la “Terapia del Shock” como principal fundamento para el desarrollo de un “capitalismo del desastre”.

Partiendo de que el gobierno solo está para facilitar el desarrollo de la empresa privada y para defender este capital de los enemigos internos o externos, Friedman entiende que el resto de las necesidades de una sociedad se deben atender y dejarle ganancia al sector privado.

No obstante la cosa no es tan fácil de implementar.

El profesor de la Escuela de Chicago estaba claro que la implementación del descarnado proceso de privatización no es uno fácil y que los pueblos no están inclinados a ceder las conquistas sociales fácilmente.

Para hacer este proceso más fácil y rápido, Friedman establece “La Terapia del Shock”. Es decir, un proceso mediante el cual se aprovecha el impacto que producen los desastres en la sociedad.

No importa si estos son naturales o producto de la mano del hombre. Incluso no es importante si son realmente desastres o solo mentiras dirigidas a dar la impresión de desastres.

Lo importante es que la situación sea lo suficientemente fuerte para que la gente regrese a un estado emocional infantil, donde se sienta inseguro y dependiente de que otros lo rescaten.

Lo mismo da un golpe de Estado, que un tsunami, un huracán categoría cinco o -como en el caso de Puerto Rico- una crisis fiscal que amenaza con cerrar el gobierno y dejarnos a todos desamparados.

Es en ese momento catastrófico cuando, según Friedman, se debe actuar rápidamente y aprovechar la oportunidad de cambiar e imponer un sistema abiertamente capitalista, centrado en el beneficio económico de las empresas privadas.

De esta forma, tras el golpe de 1973, casi desapareció la escuela pública en Chile, creando un sistema basado en las Escuelas Charter.

De igual forma, el Tsunami en Indonesia fue “la oportunidad perfecta” para que la empresa privada se apoderara de la costa tropical de Sri Lanka, construyendo un exclusivo sector turístico.

Ni hablar de la maravillosa Nueva Orleans, donde según algunos capitalistas y funcionarios de la administración Bush, Dios envió a Katrina para que en un día lograra lo que por años ellos quisieron y no pudieron.

El huracán eliminó del medio las comunidades marginadas y abrió el camino para la multimillonaria reconstrucción de una nueva ciudad para quienes la puedan pagar.

Así las cosas, se nos revela el paralelismo entre el Chile de 1973, el Tsunami de Indonesia, Katrina y esta, “La Isla Del Encanto”.

Amparados en una intolerable crisis fiscal, real o ilusoria, los discípulos de Friedman que hoy administran la colonia imponen medidas económicas, alegando que son la “medicina amarga” que tenemos que tomar, pues de otra manera la crisis nos destruirá.

Por eso, amparados en “leyes de emergencia” como la Ley 7, llevan al pueblo ante el altar del capital para ofrecer en sacrificio las conquistas sociales, laborales y comunales, para dar paso a una sociedad con una economía fuerte y un alto nivel en el índice de producción.

Todos los servicios deben pasar rápidamente y sin cuestionarse el proceso, a manos privadas.

Pero cuando los funcionarios ‘friedmanianos’ locales dicen manos privadas, no se refieren a cooperativas comunales o de trabajadores, mucho menos a empresas familiares.

Para estos burócratas que nunca fueron a la escuela pública, que jamás pisaron un dispensario de salud gubernamental o se montaron en un carro público, la empresa privada son sólo las grandes corporaciones.

En fin, que al mirar el proceso impuesto por la actual administración gubernamental nos tenemos que preguntar si aquí se nos va la democracia.

Para el intelectual afroamericano Cornel West, la democracia en los Estados Unidos está amenazada por tres factores: el neoliberalismo, el militarismo -interno con la policía y externo con el ejército- y el autoritarismo que no admite disidencia.

La situación no parece ser diferente en esta “la Isla del Encanto”.

Ante esta situación, West nos recuerda que el principal deber del ciudadano es “cuestionar”, “cuestionar”, “cuestionar”.

Precisamente es esa capacidad de cuestionar es lo que la “terapia del shock” nos castra.

Terapia que en la Isla se encarna en la “medicina amarga” que nos dice Fortuño y al igual que en Chile, en Sri Lanka, Nueva Orleans e incluso en los Estados Unidos después de Bush, el “remedio” será peor que la enfermedad.

(El autor es criminólogo, profesor universitario y columnista de La Perla del Sur. Para preguntas o comentarios puede escribir a garygutierrezpr@aol.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla )

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