Lechonera Tío Picu:

Aroma que enamora en la PR-10

Texto y fotos por Gary Gutiérrez

http://periodicolaperla.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1759:sabor-y-tenacidad-en-la-carretera-pr-10&catid=121:portada-gente&Itemid=177

 

 “No se debe juzgar un libro por su cubierta”. Con esa máxima, la sabiduría popular recuerda que no se deben hacer juicios únicamente basados en la primera impresion.

 

Sin embargo, a la hora de evaluar negocios ubicados al costado de las carreteras, esta verdad popular no es necesariamente correcta.

 

Regularmente, los buenos negocios en la carretera evidencian características que se perciben a lo lejos.

 

Si los alrededores se ven limpios y recogidos, si se ven camioneros o brigadas de trabajadores patrocinando el negocio y, más aún, si ven policías u oficiales de emergencias médicas comiendo en el lugar, usted puede estar seguro que en el sitio se come “bueno, bonito y barato”.

 

Y pocos negocios encarnan estas cualidades mejor que la Lechonera Tío Picu, un carretón de color azul regularmente estacionado en la intersección de las carreteras PR-503 y nueva PR-10, a la entrada de la represa del Río Portugués.

 

Con sólo seis meses al servicio del público, la Lechonera Tío Picu ya es una parada obligada para los amantes del chinchorreo culinario en el Sur de la Isla.

 

Sin muchas pretensiones -pues sólo cuenta con un modesto carretón, tres mesas y una carpa- Tío Picu ofrece un excelente menú de comidas a la barbacoa.

 

Por supuesto, en este carretón el cerdo es el rey.

 

De martes a domingo, la carta se encabeza con el pernil, las costillas y las sabrosas morcillas, crocantes al morder con una nota de pique, que es una delicia.

 

Claro está, Tío Picu no discrimina con los que no consumen esas delicias porcinas, ya que para ellos nunca falta el pollo asado.

 

Si algo distingue estas delicias es el exquisito sabor ahumado producto de su lenta cocción sobre brazas de carbón vegetal del País.

 

Como si esta oferta no fuera suficiente, los sábados y domingos la iluminada vitrina de Tío Picu se enriquece con lechón igualmente cocido a las brazas, como manda la tradición boricua.

 

La sabrosa y tierna carne asada por horas, se complementa con el crocante cuerito, tostado a la perfección.

 

Y para los más conocedores y audaces que lleguen temprano, Tío Picu ofrece durante el fin de semana la más sabrosa de las delicias porcinas, la cabeza y las patas del cerdo asado.

 

Pero queda claro, esas se las llevan los primeros que llegan.

 

Mas como no sólo de pan de vive el hombre, Tío Picu acompaña sus carnes con arroz con gandules, yuca o la más sabrosa batata asada en el Sur de la Isla.

 

Conspiración del destino

 

Las delicias culinarias, el ambiente jovial, así como el buen trato que se experimenta en este negocio de carretera dan la impresión que son producto de años de experiencia. No obstante, nada más lejos de la verdad.

 

La idea para la Lechonera Tío Picu nació hace menos de un año, cuando su creador, Luis M. Hernández Rivera, recibió la carta que le anunciaba la intención de despido de su empleo en el Departamento de la Familia.

 

Ante esta posibilidad, Luis decidió “buscárselas” y sin experiencia alguna -que no fuera hacer BBQ en el patio para los amigos- compró un carretón para montar su negocito.

 

“A mí siempre me gustó trabajar. No soy de los que me siento a esperar. Cuando chamaquito, me la pasaba por ahí en patines, con un machete en la espalda buscando patios que limpiar. Así que no le cogí miedo al bulto y me tiré”, comentó con gesto de satisfacción y humildad.

 

Así las cosas, sin experiencia previa en estos menesteres y con la ayuda de sus vecinos y familiares de la Barriada Borinquen de Ponce, Julio invirtió todos sus ahorros y lo que le fiaron en arreglar el carretón que hoy encarna su negocio y en una cocina adecuada.

 

Seis meses más tarde, el sabor criollo de sus comidas, la calidad de sus productos y el innegable trato familiar hacen de la Lechonera Tío Picu un negocio próspero que, además, le da la oportunidad a las hermanas y varios sobrinos de ganarse la vida dignamente.

 

De paso, fueron esos mismos sobrinos los que le pusieron el nombre al negocio, pues de chiquitos le decían a Luis “Tío Picu”.

 

En la actualidad, Luis continúa trabajando en el Departamento de la Familia,  pero se levanta todos los días a las 3:30 de la madrugada para que los amigos que transitan por la PR-10 entre Ponce y Adjuntas tengan una sabrosa alternativa para comer.

 

En fin, el Departamento de la Familia perderá un buen empleado, mientras los ponceños ganaron una excelente alternativa para almuerzo.

 

¡Buen provecho!

 

 

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