2010: Crónica de una Criminalidad Anunciada

Por Gary Gutiérrez

En Puerto Rico, la implementación del capitalismo salvaje y del neoliberalismo, tienen que ser los factores más significativos de este ciclo solar que termina esta semana y que el mundo cristiano llama 2009.

Durante los pasados 12 meses el gobierno que encabeza Luis Fortuño, a convertido la isla en un laboratorio para experimentar las mismas visiones económicas que fracasaron en los Estados Unidos bajos las presidencias de Ronald Reagan y de George W. Bush.

La política pública de apoyar e incentivar al gran capital y a los sectores más adinerados de la sociedad, medidas que también fallaron la Inglaterra de Margaret Thatcher, son implementadas en la Isla con la esperanza de que milagrosamente den otro resultado diferente a lo experimentado en otras jurisdicciones y de que eventualmente los sectores aventajados creen empleos distribuyendo así entre el resto de la sociedad sus ganancias.

La experiencia histórica en los Estados Unidos es que, tras ocho años de estas iniciativas bajo el presidente George W. Bush, el uno por ciento de la población de ese país acapara más riquezas que el restante 99% de los estadounidenses.

De igual forma, bajo la llamada “Dama de Hierro”, los sectores británicos más adinerados vieron crecer sus capitales en más de un 40%, mientras que los sectores pobres experimentaron una reducción de un ocho por ciento de sus ingresos.

Estas diferencias económicas, tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, tuvieron como resultado una sociedad excluyente y de poca distribución de las riquezas.

Precisamente son estos factores de exclusión y falta de distribución de riquezas los factores principales que muchos criminólogos modernos señalan como causa para las conductas desviadas o criminales.

Por tanto, no debe sorprender a nadie que bajo estos gobiernos llamados neoliberales se dispararen los índices de criminalidad y desviación, como pasó tanto en los Estados Unidos de Reagan como en la Gran Bretaña de Thatcher.

Mucho menos sorprendente tiene que ser, que tras doce meses de estas medidas excluyentes, la Isla experimenta una racha de conductas desviadas y de criminalidad diferente a los comportamientos criminalizados característicos de los pasados años.

Los titulares de los medios de comunicación de las pasadas semanas en Puerto Rico, no solo incluye la característica violencia social producida por el ilegalizado mercado de sustancias psicoactivadoras.

Durante este periodo los medios reseñan múltiples episodios de violencia social y doméstica, pero sobre todo, documentan asaltos espectaculares perpetrados por equipados sicarios dispuestos a abrir fuego en medio de establecimientos llenos de personas.

Estas conductas, apuntan los criminólogos, son una respuesta lógica a las políticas públicas que excluyen, desprecian y devalúan enormes sectores de la sociedad los cuales no encuentran trabajo o cuyos empleos no les garantizan acceso a un nivel de vida digno en la sociedad.

Las nuevas visiones criminológicas apuntan a que parte de esos sectores excluidos de la sociedad verán en el crimen una forma de empoderarse y de rescatar cierto grado de auto estima y dignidad.

Es decir, el crimen como vehículo para experimentar el placer y poder.

El crimen es visto como un discurso contestario de un ser humano, que por falta de conciencia política, utiliza la violencia social tanto para auto gratificarse, como para alcanzar los símbolos que el sistema identifica como de éxito.

Estas teorías que explican el crimen como forma de empoderamiento, también expresan que las respuestas tradicionales contra las conductas desviadas no funcionan.

Si el crimen es visto como la respuesta a la exclusión y a la falta de poder político y económico, entonces es lógico deducir que las medidas represivas, como más policías y penas más fuertes, solo terminan generando una mayor exclusión social que tiene como resultado más crimen como respuesta, es decir un aumento en la criminalidad y el comportamiento desviado.

Regresando al Puerto Rico del final del 2009, donde las cifras oficiales del desempleo pasan del 15% y donde las medidas económicas impuestas por el gobierno resultarán, como en otros sitios, en enormes sectores del país sub empelados o trabajando en empleos subterráneos sin ninguna seguridad social, se puede deducir que en el próximo año se experimentará un verdadero incremento en la criminalidad como respuesta.

Pero este aumento no debe ser en esa criminalidad y violencia que es irreal para la mayoría de los puertorriqueños con poder adquisitivo, después de todo, esa violencia es vista por esos sectores como cosas de tecatos allá en los caseríos.

Si la historia sirve como punto de partida para prever lo que pueda pasar, se pudiera afirmar que las posibilidades de que el 2010 sea un año donde se vean aumentar los asaltos y robos espectaculares, donde las cifras de escalamientos aumenten y donde la violencia social llegue a nuevos niveles, son muy reales.

Es decir, “si madura como pinta” la posibilidad de que en términos criminológicos el 2010 sea un año terrible, aumenta con cada empleo que se pierda en el País.

Ponce
Dic 2009
EL autor es criminólogo

 

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