La realidad del otro y la agresión social

por: Gary Gutiérrez

 

  

 

http://www.youtube.com/watch?v=SQ467W0h87M 

 

 

Lo que más le molesta al sistema,  es que “el otro” le estruje su realidad en la cara diciéndole “esto es lo que tu orden social produce”.

 

La pasada semana el país casi infarta ante el descubrimiento de un video en el que unos jóvenes del residencial Chavier de Ponce dramatizan unas “estampas “ de su diario vivir.

 

En la grabación, los jovencitos y niños actúan y representan la forma en que en esa comunidad se resuelven los conflictos, se manejan las controversias y se sobrevive diariamente.

 

Ante el documento gráfico, las autoridades del país,  tuvieron dos respuestas.

 

Por un lado, la policía asumió una actitud típica  conservadora de represión y de inmediato  comenzó  la búsqueda de un culpable para fijarle responsabilidad criminal por la producción.

 

Es decir, como sacerdotes de la ley y el orden,  salieron a buscar un chivo expiatorio para ofrecer  a los “dioses” y así subsanar la ofrenda restableciendo el balance al sistema.

 

Lo otra respuesta, que se produjo un poco después, vino del Departamento de la Familia. 

 

Igualmente típica, estas funcionarias propusieron intervenir para “ayudar” a que estos jovencitos puedan  rescatar a tiempo y se rehabiliten antes de que se conviertan en “verdaderos delincuentes”.

 

Sin embargo, nadie aparenta detenerse y hacer un esfuerzo por entender que es lo que estos jóvenes realmente hicieron y que fue lo que comunicaron con su producción. 

 

Al contrario, en una acción que el criminólogo británico Jock Young llamaría “bulimia” social,  el sistema lo que trata de hacer es que expulsar a estos jóvenes para que regresen a la marginación y a la invisibilidad  social a las que se le condenó por nacimiento. 

 

Al mismo tiempo y para dar el ejemplo, el sistema  busca castigar la soberbia acción de perturbar el mundo de la “gente decente” exponiéndoles a esa otra realidad que se supone solo veamos cuidadosamente construida en los medios de comunicación “serios”.

 

Al mirar la respuesta estatal al incidente, no se puede llegar a otra conclusión que no sea que el sistema se siente agredido por estos jóvenes.

 

Nadie puede pensar que el gobierno y sus funcionarios no saben que esas situaciones son las que a diario se viven en los caseríos.  Así que eso no puede ser lo que les molesta.

 

De igual forma nadie puede decir que la producción comunitaria tiene más violencia que cualquier producción salida de las corporaciones, sean estas películas de cine, series de televisión o juegos de video.

 

Por tanto, la violencia tampoco puede ser lo que les molesta.

 

Ante esta situación cabe la pregunta,  ¿si en vez de exponer su realidad, el video de estos jóvenes fuera sobre el cañaveral, los jibaros, el capataz y la central, causaría la misma reacción?

 

Al fin y al cabo, la relación de poder y explotación en el cañaveral no era menos violenta que lo dramatizado en la rustica producción.

 

Lo que molesta del video no es la violencia, ni siquiera es la realidad que presenta.  Lo que molesta del video es que es un discurso contestario que “agrede” al sistema. 

 

Esta no es la interpretación de una blanquito que va ala caserío a filmar.  Es el mismo, “el otro” quien le deja saber al sistema como él se define.

 

Para entender mejor este incidente se puede ver el mismo al crisol de la criminología cultural, una de las nuevas  tendencias en el pensamiento criminológico.

 

Los expositores de esta teoría explican como ante la marginación, “el otro”, es decir el que no pertenece, el etiquetado como criminal, vago, inculto, etc.,  no solo adoptara la etiqueta impuesta socialmente, sino que exagerará la misma para agredir así a la sociedad que lo margina.

 

De esta forma, el rapero, el caco, el gótico, el joven del residencial adoptan los mismos íconos que la sociedad le define como negativo para “agredir”, aunque solo sea de forma visual, a la sociedad.

 

Mirando este video desde esta perspectiva es fácil de entender la reacción social y estatal.

 

Es la respuesta típica de un sistema que  tras mucho esfuerzo por mantener unos sectores invisibles, “se le escapa el gato de la canasta” como reza un dicho estadounidense.

 

En fin que el video no es otra cosa que el sonoro grito de un sector que se supone que no tenga voz.

 

Entiéndalo esta o no,  eso es lo que verdaderamente le molestó a la sociedad.

 

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