Financia la droga, pero no se quema

La profesión es el “tape” perfecto para el negocio ilícito.

Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com

Tienen un contacto limitado con el narcotráfico, pero reciben gran parte de las ganancias. Las riquezas ilícitas que generan las disfrazan con sus profesiones, usualmente respetadas en la sociedad.

Se trata de médicos, abogados, comerciantes -entre otros profesionales- quienes invierten como “prestamistas” en el financiamiento de los cargamentos que inundan de droga las calles del País.

“No son personas con una relación directa con la droga. Muchos no ven ni un gramo. Otros ni saben exactamente en qué están invirtiendo. Tienen una idea, pero eso no lo hablan”, explicó el doctor Joel Villa, sociólogo y profesor de Justicia Criminal en la Universidad Interamericana en Ponce.

Villa es autor del libro “El Sujeto Criminal, Crimen y Criminalidad”, en el que analiza, entre otros asuntos, las altas esferas del narcotráfico.

Según el nuevo jefe de la Administración federal Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) en la Isla, Javier F. Peña, entre estos inversionistas hay “economistas, abogados y doctores”.

No obstante, Villa dijo que el escaso contacto de estos profesionales con los niveles más bajos en la jerarquía de las bandas de narcotraficantes dificulta la tarea de procesarlos criminalmente.

De acuerdo con Villa, es muy difícil saber con precisión cuánta droga es financiada por profesionales adinerados. Estimó, sin embargo, que alrededor del 25% de los narcóticos ilegales que llegan al País pudieran ser financiados por este sector de la sociedad.

Villa explicó que la participación de estas personas es un tanto simple. Sólo se encargan de proveer el dinero de inversión a personas “contactos” en la red del narcotráfico. Este dinero es eventualmente devuelto “con intereses mayores a los que puede ofrecer cualquier banco”.

El narcotraficante, que lleva a cabo la operación, es el que asume los riesgos relacionados al proceso. Los “prestamistas” sólo asumen el riesgo económico, el cual es muy poco puesto que “con la venta del 5% de la droga recuperan más que lo que se invierte”, según Villa.

“Para cualquier negocio se necesita capital y eso no lo tiene todo el mundo. Debe ser muy frecuente la inversión de este sector de la sociedad”, dijo, por su parte, Gary Gutiérrez, también profesor de Justicia Criminal.

El aspecto profesional “es el ‘tape’ perfecto, especialmente si tienen un negocio propio donde el dinero se mueve en efectivo”, sostuvo Villa.

Gutiérrez opinó que quienes entran en estos negocios ilícitos son personas motivadas por la avaricia implícita en el sistema económico que promueve la acumulación de capital.

“Estas personas no tienen sensación de culpa porque no se sienten responsables directos de los problemas que todo esto trae y hasta desarrollan un sentido de impunidad… El enfoque consumista de la sociedad trastoca los valores y se llega a esto”, dijo, por su parte, el sicólogo José Cangiano.

La antropóloga Rima Brusi, profesora de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, se expresó en similares términos y añadió que a estas ansias de generar dinero se pueden añadir factores de escasa moralidad.

Precisamente, Villa señaló que estos “inversionistas” del narcotráfico “moralmente se sienten bien”, ya que no se relacionan directamente con la droga y se ven ajenos a ese mundo y la violencia que genera.

No obstante, Gutiérrez puntualizó que los problemas de violencia en el País no se pueden achacar del todo al consumo de drogas y al narcotráfico.

“Toda prohibición lleva a un mercado negro; todo mercado negro lleva a la violencia; y el mercado negro junto a la violencia lleva a la corrupción para proteger ese mismo mercado”, indicó Gutiérrez.

“Es un mercado sin regulaciones, porque trabaja desde el bajo mundo y por eso se ven los asesinatos y la violencia. Se habla de la legalización (de la droga), pero para nuestra sociedad sería algo fuerte. Se crearía un caos porque las personas no saben convivir con las drogas. Pero, por ejemplo, si se monopoliza la venta de drogas a través de la medicación no va a haber qué vender en el punto”, señaló Villa.

 

 

Binomio de crimen y recesión: Vinculan los asaltos bancarios a la crisis económica.
Tomado de El Nuevo Dia, Puerto Rico
Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com
En tan sólo dos meses, ya son 14 los robos a bancos o cajeros automáticos que se reportan en el País, cifra que representa poco más de la mitad de los registrados en todo el año pasado.Según el vicepresidente de la Asociación de Bancos, Arturo Carrión, la cantidad de robos parece responder a unas especies de temporadas en las que la incidencia se dispara. Son muchos los factores que inciden en esto. Sin embargo, la crisis económica actual parece ser uno importante.
“Los robos a bancos tienen sus temporadas. Cuando la situación económica aprieta, suceden más robos”, dijo Carrión, tras explicar que pocos casos envuelven cajeros automáticos.

Según José Raúl Cepeda, catedrático de Justicia Criminal en la Universidad Interamericana, históricamente las crisis económicas van de la mano con un aumento de la criminalidad, especialmente en los renglones de delitos contra la propiedad, juegos ilegales como la llamada “bolita” y la venta de drogas.

“Se aprecia mucho en delitos no violentos porque las personas no están dispuestas a cometerlos. Los delitos entonces los cometen contra la propiedad. Son robos de carteras, robos en casas y robos contra una ATM, que no envuelve sacarle un arma a una persona”, señaló Cepeda.

Así sucedió, por ejemplo, durante la Gran Depresión de finales de la década de 1920 y principios de 1930. Por el contrario, en tiempos de bonanza económica estos delitos bajan, como ocurrió, según el catedrático, en la década de 1990.

“Es la forma que encuentran para cumplir sus necesidades. Muchas personas, por ejemplo, al perder su empleo y verse acorraladas económicamente recurren a esto para subsistir. Es una reacción usual del humano. Una cosa (lo económico) va tomada de la mano de la otra (el crimen)”, explicó el profesor Cepeda.

“En la medida que bajan los recursos de las personas, aumenta el crimen”, resumió, por su parte, Gary Gutiérrez, también profesor de Justicia Criminal.

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