POr GAry Gutiérrez
Ante la interpelación cibernética deuna hermosa y  eterna líder ECOISTA, mi pensamiento regresa a la noche de ese espectáculo mediático que llamaron “El Debate: primer encuentro”.
En realidad tengo que confesar que, ante la verborrea radial de los analistas, periodistas y personalidades  que esperaban el comienzo de la “justa” donde los cuatro aspirantes al  impotente e irrelevante puesto de gobernador colonial, mi estado de ánimo se hundió a nuevos niveles de cinismo e incredibilidad.La cosa no se veía fácil….
Así que, sin más alternativas en mi depresivo horizonte,  decidí hacer lo más sensato, “ESCAPAR”.Al igual  que el Dr. Albert Hofmann’s, quien hace unas décadas, en medio de su locura inducida por la novel LSD, encontró refugio en  su bicicleta,  yo saque mi viejo buque y simplemente, junto a mi eterna compañera de viaje, salimos  a pedalear.
El viaje mágico me llevó a las Tías. Allí, entre mojitos, calamares fritos y hamburguesas; conversaciones  sobre las excesivas, pero necesarias,  descripciones de Umberto Eco, la visión del espacio urbano del Maestro Martorell y la nueva tesina de una querida y siempre presente amiga, pasamos la noche supervisados por Roy Brown quien como santo de catedral nos hablaba desde la pared.
En fin que tras las conversaciones con Monón y el Míster con Macana, olvidamos que el país sufría la violación mediática que son estos llamados “Debates”.Ahora, tras pensar y recapacitar sobre esa noche, me pregunto si hice bien. Si al escapar en mi bicicleta, dejé de cumplir con alguna responsabilidad impuesta por la modernidad.
¿Quién sabrá?
Estoy claro y admito públicamente que ese día no resolví un carajo. La pregunta es si los que invirtieron su noche tratando de entender lo que se discutió en el bendito espectáculo resolvieron algo más que yo
.No lo sé, pero de paso, los mojitos estaban espectaculares. Bravo pa LAS TÍAS. 
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