Es Café Café: donde el tiempo se detiene

Por Gary Gutiérrez
Especial para La Perla del Sur

Los hay en todas las ciudades del mundo.

Le Bistro en Barcelona, Kabab Café en Nueva York, el Purple Pig en Toronto o La Casita Blanca en Santurce: pequeños negocios donde los comensales son recibidos y servidos por el dueño, por algunos de sus familiares o por empleados que llevan tanto tiempo que ya son parte de la familia extendida.

Son establecimientos donde la comida es simple, pero preparada de la forma en que generaciones enteras la han cocinado, desde siempre.

Y a pesar de que su presencia pasa desapercibida para quienes transitan en autos -aunque pasen frente a sus discretas fachadas- en su mayoría son negocios que, por fortuna, sólo ven los que caminan o se mueven por las ciudades en bicicletas.

Por ello, tan pronto llega, el comensal sabe que acaba de entrar en una dimensión donde el tiempo transcurre de forma diferente, más despacio, con tranquilidad.

Son sitios donde no se va a comer aceleradamente en diez minutos para regresar al trajín. Estos lugares son verdaderos santuarios para nutrirse sosegadamente y degustar la buena conversación.

En Ponce, uno de esos lugares es Café Café, ubicado en la esquina de Mayor y Aurora.

Café Café es el resultado de los sueños de su propietario, César Armando “ Mandy” Bocachica. Sí, el mismo Mandy que juega baloncesto del equipo de Ponce.

Tres años atrás, con más de una década participando a nivel elite, Mandy comenzó a buscar alternativas económicas para su eventual retiro del juego del aro y la bola.

En ese entonces descubrió su pasión por el negocio de comidas cuando colaboró con otro jugador, Wilhelms Cranen, en el restaurante Calichi Café en Coamo.

Un año más tarde, en el 2005, se presentó la oportunidad de tomar control del local donde ahora ubica Café Café y el “delantero fuerte” del Ponce Leones, no lo pensó dos veces.

Sin embargo, Mandy no quiso desarrollar un concepto de cocina de moda o de alta culinaria.

Quería que fuera un lugar “autentico”, donde los patrocinadores encontraran las “cositas” que se preparaban “en la casa de antes”.

Para nuestro beneplácito, lo logró.

En Café Café se almuerza como si se estuviera sentado en la mesa de Doña Melba, la mamá de Mandy.

Hecho que no debe extrañar pues, aunque en la actualidad cuenta con el legendario   Luis “El Chino” Martínez en la cocina, en un principio fue mamá Melba quien se hizo cargo de las estufas y el menú.

Doña Melba ya no está todo los días en el negocio, pero su exigencia, sus recetas y su cultura culinaria, son el norte de Café Café.

¡Claro está! La matriarca de los Bocachica todavía tiene la responsabilidad de los postres. Después de todo, ella es discípula y orgullo de Pedro Alvarez, pastry chef del Hilton.

Entre éstos, el espectacular flan de café, que difícilmente tiene competencia en el país.

La permanencia de esta visión culinaria es medular para Mandy, quien no duda en sentenciar que “se nos están olvidando nuestras raíces”. Por esta razón él ve a Café Café como un tabernáculo a la preservación de esas tradiciones culinarias.

 

Simple aliciente

El menú de Café Café no es extenso y recuerda las fondas que florecieron desde siempre en nuestro pueblos. Uno o dos especiales diarios, desayuno boricua y sándwiches.

Como en las casas, los especiales varían de acuerdo a lo que está disponible y a los antojos del dueño o a las sugerencias de los comensales. Los mismos varían desde un sabroso arroz con jueyes hasta platos más personales como el Salteado de Melba.

Este último, un plato con fajitas de carne o pollo salteadas con tiritas de pimientos morrones y cebollitas, sale con un sabroso arroz mamposteado. Por supuesto, no faltan los tostones y la ensalada.

Entre la variedad de sándwiches se destaca el “Café Café”, una extravagancia de todas las carnes y cortes fríos coronados por un huevo frito. Un emparedado que promete satisfacer al más hambriento de los atletas de alto rendimiento.

En definitiva, su espacio en el pequeño salón comedor o en su jardín interior hacen de Café Café es una verdadera experiencia que invita al hedonismo y el buen compartir.

Sin embargo, el principal atractivo del lugar no es su sentido de espacio o tiempo, ni su ortodoxa culinaria tradicional y mucho menos la encantadora personalidad de su dueño.

La principal seducción de Café Café radica en el propio nombre del local.

 

Café Mayor

Esta tradicional fonda comparte el espacio con la torrefacción artesanal de Café Mayor y en la actualidad ofrece el mejor café espresso negro que se sirve en el Sur de la Isla, por no decir en la Isla entera.

Bajo el tutelaje de Luis Valldejuly, dueño de Café Mayor, Mandy desarrolla su habilidad para extraer de los granos procesados en su mismo local, el más delicioso zumo.

En Café Café, el espresso restricto es poco menos que perfección, dos onzas de negro elixir, coronado de una dorada espuma que da fe de la calidad del grano utilizado.

“ Luis fue el que me enseñó. Cuando llegué aquí, yo bebía café, pero no tenía idea de cuán complejo es ese mundo del café”, estipuló Mandy, todavía sonrojado por los halagos para su café.

Claro está, la perfección del restricto en Café Café se puede complementar con leche y diversos sabores o licores.

Entre las alternativas sobresale el “Café Helado”: dos onzas de café espresso a la que se le incluye helado de vainilla y crema batida. Excelente para contrarrestar el calor ponceño.

En resumen, sin pretenderlo, Café Café se une a un movimiento mundial que busca rescatar y hacer pertinentes las formas tradicionales en que las sociedades ingieren sus alimentos.

No se trata sólo de lo que se come o de la forma en que estos alimentos se preparan. Se trata de toda una filosofía para rescatar la mesa como lugar de reunión para amigos y desconocidos.

Una filosofía que Mandy, con su conversación, entusiasmo y deseo de servir, mantendrá viva en Ponce, por lo menos durante otra generación.

¡Buen provecho!

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