¿Se ha preguntado
qué regalaría Jesús en siglo XXI?

Por Gary Gutiérrez
Especial para La Perla del Sur

El espíritu de las fiestas navideñas es ancestral.

Bajo diferentes nombres, existe desde mucho antes del nacimiento del maestro Jesús. Todas las culturas tienen rituales anuales de renacimiento, donde se recapitula lo vivido durante el pasado ciclo solar, mientras se hacen resoluciones para el próximo.

Por supuesto ese ritual regularmente está acompañado de acciones de gratitud, de reuniones comunales y de intercambio de regalos o detalles.

A pesar de que el icono cristiano asociado con la Natividad es el pesebre, cabe preguntar si la imagen que más describe este tiempo debiera ser la de Jesús y sus apóstoles recostados, en torno a una mesa de comidas sencillas, preparada a mano con los productos frescos de su localidad.

Sin embargo, en el mundo en que vivimos, la estampa que más define la época Navideña es la de miles de personas corriendo tras artículos de consumo durante la madrugada del viernes después del Día de Acción de gracias.

Como feligreses e integrantes de la “Iglesia del Consumo” levantan a sus familiares -incluyendo a niños- a tempranas horas de la madrugada para “peregrinar” a su centro comercial o mega tienda favorita.

Allí los afortunados que llegan primero son bendecidos por “los dioses del fiao y del malgasto”, con el privilegio de derrochar sus recursos en las necesidades de moda creadas para el momento.

Plasmas, I- Pods, Wii o cualquier otra de esas cajas mágicas son las “bendiciones” que en nuestra época representan la felicidad temporera y renovable que despoja a las clases populares de sus ingresos mientras fortalecen a los que más tienen.

Estas bendiciones, producto casi todos de exportación japonesa o china, son entregadas en seudo reuniones familiares donde toda la familia se junta para estar cada uno con sí mismo y su aparato electrónico.

Ante este cuadro social, sectores inadaptados e imprudentes promueven alternativas como regalar sin comprar en Navidad. Es decir obsequiar cosas producidas a mano por la persona que regala.

Galletas u otras delicias horneadas en casa o en reposterías locales y ropa confeccionada por las personas en su casa son algunas de las alternativas. De igual forma los que tienen destrezas artísticas regalan sus trabajos.

Otros empujan la idea de que antes de comprar un regalo, se tomen unos minutos y se pregunte ¿qué regalaría Jesús?

De esta forma, el comprar para regalar toma una dimensión consciente.

Así, además, se toma consciencia de regalar un artículo necesario o que realmente aporte alegría a largo plazo.

Tomando un segundo, se puede estar seguro que el artículo que se regala se produjo de forma justa, donde nadie -especialmente niños- fue víctima de explotación.

De igual forma se puede precaver que la tienda que lo vende trata humanamente a sus empleados.

Para muchos hijos de la modernidad, esta propuesta puede parecer cosa de soñadores, locos e inadaptados.

Probablemente tienen razón, pero como dijo John Lennon, “Puedes decir que soy un soñador, pero yo no soy el único. Espero que algún día te nos unas para que el mundo llegue a ser uno”.

(El autor es profesor a tiempo parcial de Justicia Criminal en Caribbean University y el Recinto de Ponce de la Universidad Interamericana)

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