Cuando el Arte y la Cocina se Funden

Embrujó y conquistó el paladar de todos

Por Gary Gutiérrez
Especial para La Perla del Sur

Comer es un ejercicio de comunicación, de comunidad, de la relación y conversación íntima entre el que cocina y el que se alimenta.

Ésta fue la conclusión a la que llegó Alton Brown, chef y mantenedor de la serie “Feasting on Asphalt”, tras semanas de viaje para experimentar las comidas típicas de las riveras del Río Mississippi en los Estados Unidos.

Tomando como correcta esta máxima de Brown, entonces podemos afirmar que la conversación gastronómica entre los ponceños y el Chef Augusto Schreiner fue una de cortejo y coqueteo.

Como el “chico malo” que decide seducir a una joven inocente, el Chef Augusto utilizó su participación estelar en la última edición del evento conocido como “Celebrity Chef” del Hilton Ponce Golf & Casino Resort para cautivar, embrujar y conquistar el paladar de los afortunados que compartieron esa mesa.

La “Celebrity Chef Dinner” es una actividad en la que el Ponce Hilton invita a chefs de calidad mundial para que compartan su cocina con los ponceños.

El resultado es una experiencia culinaria inolvidable, tal y como ocurrió durante el más reciente “Celebrity Chef Dinner” del Hotel Ponce Hilton.

 

Siendo Schreiner uno de los principales cocineros en Puerto Rico, su lugar en este selecto grupo de Chefs no debe sorprender a nadie.

La carrera gastronómica de Augusto comenzó en varias hospederías importantes de su Austria natal.

Tras vivir en otras islas del Caribe y en algunos países latinoamericanos, el Chef Augusto llegó en 1974 a Puerto Rico, específicamente a la cocina del Caribe Hilton.

Treinta años más tarde, el austriaco Schreiner se ha integrado a tal punto a la cultura puertorriqueña que pareciera, incluso, haber nacido en esta Isla.

Ante el reto de participar en el “Celebrity Chef”, la estrategia de Augusto para seducir a los ponceños fue directa, al punto.

Para ello -y por supuesto- contó con el apoyo del personal del Hilton, bajo la tutela del chef ejecutivo Dominik Wirz.

Como un Juan Tenorio Culinario, Augusto decidió despertar en los ponceños las más profundas emociones de halago, placer, emoción, anticipación e incluso ansiedad y el sabroso temor que deriva de anticipar un placer desconocido.

 

Simplemente genial

El puertorriqueñizado chef austriaco Augusto Schreiner sorprendió a todos los comensales del más reciente Celebrity Chef Dinner del Ponce Hilton con un menú de exóticos y nuevos sabores. Ello con la colaboración del chef Dominik Wirz.

El “coqueteo” gastronómico de Augusto comenzó con un “terrine” de langosta caribeña y cangrejo japonés, aderezado con Caviar Tobiko.

La suavidad y el contraste de las texturas, así como los sutiles, pero a la vez intensos sabores del cangrejo, la langosta y el caviar, desarmaron de entrada las defensas de los “foodies” ponceños, quienes tras disfrutar del hermoso plato quedaron indefensos ante los encantos de su anfitrión culinario.

Este embrujador sortilegio fue complementado a la perfección con el juguetón sabor de las burbujas del Pierr Jouët Grand Brut N.V., vino escogido por la Casa Serrallés para complementar la delicia marinera.

Después del sabroso “terrine”, que de paso es uno de los platos emblemáticos del Chef Augusto,  llegó a la mesa el segundo curso, bacalao fresco sobre crema de chorizo y habas majadas.

La delicada textura y sabor del pescado cocido al punto se elevó a nivel de delicia fascinadora con esta crema de chorizo, que sólo puede ser descrita como una fabada española reducida a su más refinada esencia.

Para la difícil labor de acompañar esta espectacular mar y tierra, Serrallés escogió un Albariño Serra Da Estrella del 2005.

Mientras los comensales se dejaban enamorar por la perfección del “terrine” y del bacalao en su espectacular crema de chorizo, no imaginaban que en la cocina Augusto planificaba el golpe de gracia para ganarse sus paladares.

De pronto, una caravana de  meseros entró de forma impecable al salón y poco a poco el ambiente se impregnó de un aroma que despertó nuevas y sabrosas expectativas entre los comensales. Invitados que en ese momento ya habían sucumbido a los encantos gastronómicos del Chef y estaban dispuestos a ser guiados por Augusto a cualquier experiencia sensorial.

El embrujador plato era una pechuga de pato que descansaba magistralmente sobre un confit de papa y trufas.

Para este plato no hay halago que pueda ser justo.

Su indescriptible sabor y simpleza se complementó con el frutoso tinto Mas D’en Gil Clos Fonta del 2002.

Degustado este manjar, la suerte ya estaba echada. El paladar de los comensales tenía nuevo dueño.

Simplemente la culinaria de Augusto sedujo al paladar ponceño.

Remata un ponceño

Para celebrar su conquista, el Chef Augusto asignó al “pastry chef” del Hilton, Pedro Álvarez una extravagancia que sirviera de postre.

Por supuesto, el orgulloso hijo del residencial Chavier en Ponce se creció ante el reto y coronó la noche con una “Sinfonía de Chocolate”, donde el sagrado legado de los aztecas se lució a plenitud.

En fin, la visita de Augusto Schreiner a Ponce no sólo sirvió para que el galardonado Chef se llevara a los ponceños en su corazón.

Además, permitió elevar la cultura gastronómica de la Ciudad Señorial e impuso un nuevo estándar para aquellos que aspiren conquistarla.

¡Bravo para Augusto y Bravo para el Hilton!

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