por Gary Gutiérrez

En el escrito “Como Las Mafias Gangrenan La Economía Mundial”,  el académico canadiense  Michel Chossudovsky presenta una excelente documentación, sobre todo en lo que respecta al impacto que tienen en los presupuestos nacionales de países desarrollados el lavado de dinero y las influencias de los grandes consorcios criminales. Este autor dramatiza, la creación de una infraestructura financiera amorfa y siempre cambiante que permite el tráfico de dinero proveniente de actividades criminalizadas por senderos financieros casi indeterminables. La principal  herramienta para este lavado de dinero, según  Chossudovsky detalla, es la creación de paraísos fiscales que permiten el movimiento de valores de forma anónima, rápida, eficiente y con muy poca “huella de papel”.  Estas instituciones lo mismo pueden estar ubicadas físicamente en países tradionalmente neutrales y de altos valores de respeto a la intimidad de la persona jurídica, individuo o corporación. Como pueden tener bases en países que, dándose cuenta de los beneficios económicos de estas empresas, crean las estructuras legales para el desarrollo de una industria bancaria anónima.

Como bien aclara el autor, el concepto de paraíso fiscal no es solo para los capitales criminales. Los mismos son utilizados por los llamados negocios legítimos para guardar sus ganancias sin tener que pagar impuestos sobre estos fondos a ningún Estado. Por tanto;  ¿No es hipócrita que  los grandes intereses que se benefician legalmente de estos paraísos, también los critiquen pues le sirven de albergue para los que hicieron su capital en las actividades que esos mismos grandes intereses, arbitrariamente, ilegalizaron? ¿Por qué criticar a Gran Caimán por buscar una forma de generar divisas?  Para países Estados como Gran Caimán esta industria no es un problema, es una oportunidad. Después de todo, las inversiones de ganancias por conceptos de actividades criminalizadas al fin y al cabo crean los mismo beneficios y mueven la economía formal de la misma forma que lo hacen las inversiones productos de la llamada, economía legal. ¿No es positivo para sociedades tercermundista que todo ese capital pase por su territorio y se reintegre a la economía formal y que de esa forma aporte balanceando un poco la enorme disparidades económicas del llamado mundo globalizado? 

Ante esta interrogante, la respuesta no puede ser otra que moral. Ese dinero es mal habido, producto de acciones ilegales que son perseguidas y repudiadas a nivel de todo el mundo. 

Si se acepta  la respuesta anterior como premisa, entonces se debe aplicar la máxima que  constantemente le recuerda a sus estudiantes el doctor puertorriqueño en sociología, Joel Villa; “la causa de la causa, es la causa de lo causado”. Es decir que si se entiende que la causa de la condena del uso de dinero sucio en el desarrollo de empresas es la forma ilegal en que se produjeron esas riquezas, entonces se debe mirar las razones por las que se entiende que esas formas de producción son ilegales antes de condenarlas o repudiarlas.

La falta de consideración de este aspecto en el escrito de Michel Chossudovsky pudiera ser señalada como una deficiencia del análisis. Al fin y al cabo ese dinero necesita ser “lavado”, en su mayoría  por ser producto de negocios criminalizados por caprichos de unos grupos de interés y no por otra cosa. El notorio Al Capone por ejemplo, tuvo que crear una infraestructura para lavar su dinero, pues el mismo era producto de la criminalización de la venta de alcoholo que estaba basada en valores de temperanza arbitrarios. Ilegalización que mas tarde se derogo, permitiendo que  hoy día prestigiosas firmas licores depositan legalmente sus ganancias en los bancos sin necesidad de lavarlos. Esto es, si no lo guardan en un paraíso fiscal para no pagar los impouestos.

Es decir, eliminando la causa de la causa, se elimina la causa de lo causado. Si se descriminalizarse esas conductas desviadas hoy prohibidas, la mayoría delitos sin víctimas como el consumo de sustancias psicoactivadores, se eliminaría gran parte de ese capital llamado sucio y por tanto la necesidad de empresas que lo limpie. Sin embargo, como apunta el pensador estadounidense Noam Chumsky, el surgimiento de un sector económico que el llama el “complejo industrial/correccional” necesita de esas prohibiciones para sobrevivir económicamente. De igual forma,  Chumsky explica que los países desarrollados necesitan de esas prohibiciones pues las mismas ilegalizan importantes productos agrícolas que pudieran afectar las tasas de importación y  exportación con relación a los países tercermundistas.

Lo anteriormente expuesto no quiere decir que la descriminalización de conductas que se pudieran manejar con respuestas, medicas, o sociales sea una panacea para hacer frente al efecto del  crimen organizado en la economía mundial. Pero en este momento histórico, aparenta que pudiera reducir enormemente ese capital que se mueve por el ciberespacio en busca de no ser detectado y que tiene todos los efectos que muy bien señaló el académico canadiense  Michel Chossudovsky en su escrito: “Como Las Mafias Gangrenan La Economía Mundial”, 

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