Sentencias Mandatorias: ¿Solución o problema?

Gary Gutiérrez

Universidad Interamericana de Puerto Rico

 

 

I. Planteamiento del Problema:

Tan temprano en la historia del pensamiento occidental como a mediados del siglo XVIII, intelectuales como Cesare Beccaria (2002) buscaban entender la naturaleza de las penas y los castigos como respuesta social al comportamiento desviado. Hoy, a más de dos siglos del pensamiento “beccariano”, el tema aparenta seguir ocupando la mente de pensadores, filósofos, intelectuales y académicos. Como prueba de ese interés solo basta ver los 182,354 títulos que la compañía de ventas de libros en la Internet, amazon.com, tiene catalogados bajo el tema de “prisons” o los 19,685 que aparecen bajo el término “sentencing”. Por otro lado, si se hace una búsqueda en la Internet del término “mandatory sentences”, herramientas de búsqueda como Google.com catalogan sobre 9,580,000 documentos que tocan el tema. Tomando esa cantidad de publicaciones como indicador, se pudiera inferir, sin temor a equivocarnos, que el tema sigue captando el interés de la sociedad del siglo XXI.

Uno de los temas que durante las pasadas décadas aparenta tener gran presencia dentro de esta discusión académica sobre el castigo y las formas de imponerlo, es el de las sentencias estipuladas, mandatorias o fijas como respuesta a ciertos tipos de delitos o violaciones. Encendiéndose por sentencias mandatorias penas mínimas de reclusión estipuladas en la ley por los legisladores (Torny, 2004). Como muestra informar del interés académico en el tema de las sentencias predeterminadas, se puede nuevamente recurrir a las búsquedas en la Internet. Una rápida exploración usando scholar.google.com, división académica de la herramienta de búsqueda conocida como Google.com, demuestra la existencia de sobre 25,600 documentos de origen académico catalogados en su base de datos que mencionan el tema.  

Antes de continuar, es importante dejar claro que este tipo de sentencias estipuladas no debe confundirse con las ideas propuestas desde el siglo XCVIII por el pensador Cesare Beccaría (2002), quien ya en aquel entonces abogaba por que las leyes determinaran el castigo a que un acusado podía exponerse al enfrentar una acusación específica. Según Beccaria (2002), de esta manera los jueces y magistrados tendrían una tranquilla legal que evitara los excesos.

Cuando un código fijo de leyes, que se deben observar al pie de la letra, no deja al juez otra tarea que examinar las acciones de los ciudadanos, y seguirlas conforme o no a la ley escrita, cuando la norma de lo justo o de lo injusto, que debe dirigir las acciones tanto del ciudadano ignorante como del ciudadano filósofo, no es un asunto de controversia, pero si de hecho, entonces los súbditos no son objetos de las pequeñas tiranías de muchos… (Beccaria, 2002, Pag. 39),

El espíritu del pensamiento de Beccaria no debe sorprender a ningún lector que tome en consideración su origen Italiano, país de tradición civilista. Es decir, Italia es un país que basa su definición y organización del Derecho Penal en la visión del de Derecho desarrollada durante las diferentes etapas del Imperio Romano. Según la cátedra del Profesor José Raúl Cepeda (2005) en el curso graduado de Elementos del Derecho en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, esta visión del Derecho Penal parte de la premisa de que el Derecho se debe guiar por lo que el legislador escribió en la ley, dejando poco o ningún espacio para la interpretación al momento de implementarse la misma. El papel del juez en este sistema es solo de juzgar culpabilidad o inocencia del acusado y de velar por que se cumpla el debido proceso estipulado en la ley (Cepeda 2005, conferencia de clase).

Sin embargo, las sentencias mandatarias que ocupan el presente escrito no son esas que nos recomienda Beccaria (2002), sino aquellas que en la actualidad se imponen en los Estados Unidos de América a los convictos de crímenes como narcotráfico y crímenes sexuales, entre otros (Torny, 2004). En este caso, los estatutos aprobados por los legisladores establecen sentencias mínimas y regularmente largas en comparación a las penas de otros delitos (Villa 2006). Es decir que cuando los jueces o magistrados en esa nación se enfrentan a una persona declarada culpable por uno de los delitos que conllevan penas mandatorias por la ley, no pueden usar su discreción judicial para sentenciarles como entiendan adecuado. Al contrario, están obligados a imponer por lo menos la sentencia minima estipulada en la ley independientemente de lo que ellos entiendan es el castigo más adecuando (Weinstein 2003). Esta restricción no aparenta reducir el riesgo de sentencias excesivas sino, al contrario, obliga su imposición por otras razones que no son la Justicia (Torny, 2004). Incluso, esta disminución de las prerrogativas judiciales no es común, ni la norma tradicional, en el sistema jurídico estadounidense, ya que su visión del Derecho Penal se deriva del llamado “Common Law”, sistema jurídico desarrollado y proveniente de los países anglosajones, específicamente el ahora conocido como el Gran Bretaña. A diferencia del ya mencionado Derecho Civilista, en el “Common Law” el juez no tan solo pasa juicio sobre la culpabilidad o inocencia del acusado sino que en su sabiduría jurídica y en el historial de penas impuestas en casos similares por tribunales de mas jerarquía, impone la pena que él entienda aplica mejor en el caso especifico que tenga ante su presencia.(Cepeda 2005, conferencia de clase)

Partiendo de lo anterior, algunos piensan que este tipo de castigo mínimo estipulado en la Ley estadounidense rompe con la tradición judicial de esa Nación ((Cepeda 2005, conferencia de clase)  Incluso van mas lejos y alegan que la imposición de estos castigos son una respuesta legislativa que busca ventaja electoral y el favor de la opinión pública (Torny, 2004) y que no esta basada en la supuesta sabiduría que pensadores como Beccaria(2002)le atribuyeron a los parlamentarios. Peor aún, según sociólogos comos Steven J. Tepper, (2000), regularmente los procesos legislativos se enfocan en soluciones inmediatas. Es decir que en muy pocas instancias los legisladores estadounidenses están concientes, o toman en cuenta, los posibles resultados a largo plazo de sus acciones (Steven 2000).  

De lo escrito hasta ahora aparentar surgir varias interrogantes. ¿Qué tipo de problemas los legisladores tratan de resolver cuando aprueban estas leyes con sentencias predeterminadas? ¿En que se basan estos políticos para aprobar este tipo de castigo? ¿Qué papel juega en ese proceso legislativo la búsqueda de la justicia? ¿Qué papel juega además la necesidad de producir leyes que le ganen al legislador el favor de la opinión pública? ¿Cuáles son los resultados sociales, a corto o largo plazo, de este tipo de leyes? ¿Cómo estas leyes afectan el balance de poder entre los componentes del sistema judicial adversarial que rige las cortes estadounidenses, es decir: fiscales, abogados de defensa y jueces? ¿Es este tipo de respuesta legal una justa, que da a cada quien el castigo que es mas adecuado para que subsane su deuda por el delito cometido y se reintegre a la sociedad? Finalmente; ¿Quién se beneficia de que se impongan estas sentencias mandatorias y según algunos exageradas?

La búsqueda de posibles respuestas a estas preguntas, así como el descubrimiento de nuevas interrogantes que permitan examinar cuán adecuado es este esta modalidad de sentencias o si las mismas se deben eliminar, modificar o si se debe continuar con su uso o incluso expandir su uso, son los temas que ocuparán, de este punto en adelante, el presente escrito.

 

II. Surgimiento del Problema:

La modalidad de “Sentencias Mandatorias”, es decir castigos mínimos estipulados en la ley para los comportamientos que esta criminaliza, surge en algunas jurisdicciones de los Estados Unidos, como el Estado de Nueva York, a principios de la década del 1970 (Nakdai, 2001). Una década después, en el 1988, la modalidad se extiende a toda esa nación, con la aprobación de la ley conocida como Sentencing Reform Act of 1984 (United States Sentencing Comission, 1991). ¿Cuáles son las circunstancias que promulgan el desarrollo de esta cambió? ¿Qué condiciones objetivas y subjetivas llevan a los Estados Unidos de América a cambiar un nuevo sistema de castigo que es contrario a su tradición jurídica que se basa en el “Common Law”?

Las respuestas tal vez se pudieran encontrar casi 20 años antes, en la década de los años 1960 y comienzo de la de los 70. En esa época los Estados Unidos se encontraban en el medio de un resurgimiento del pensamiento moral liberal y tolerante. (Wagner, 1997) Este pensamiento estaba basado según David Wagner (1997), autor del libro “The New Temperance”, en el crecimiento económico producto de la economía de guerra de la época. Al decir economía de guerra nos referimos a que durante este periodo los Estados Unidos de América y la hoy desaparecida Unión de Republicas Socialistas Soviéticas se encontraban en un conflicto por la hegemonía mundial (Matta González, G. 2005). Como consecuencias de la amplia necesidad de mano de obra para la industria bélica estadounidense, se liberalizaron los requisitos ideológicos, morales y estéticos para contratar trabajadores. Ante la mencionada urgencia por trabajadores, los patronos pasaban por alto, sus prejuicios raciales o morales. Al momento de contratar a un candidato cualificado o con las destrezas necesarias, se pasaban por alto si el aspirante tenía antecedentes penales, si consumía alcohol u otras sustancias, incluso que tuviera preferencias sexuales diferentes. El resultado no planificado de esta acción económica fue la liberación en toda la sociedad de la ideológica y el aumento de la tolerancia social para la diversidad (Wagner, 1997).

Sin embargo, según comenzó a declinar la economía estadounidense durante la segunda parte de la década de los años 70 y principios de los 80, los trabajos se hicieron más escasos y por tanto el proceso de selección de candidatos a estos empleos se torno más exigente.  El proceso descrito anteriormente se invierte, desarrollando una ideología menos tolerante a la diversidad (Wagner, 1997). La falta de tolerancia se comenzó a manifestar en la totalidad de la sociedad. Partiendo de lo anterior, es fácil ver la forma en que la otrora acomodada clase media estadounidense, ahora afectada por una desvalorización de su poder económico debido a la disminución de la economía, comienza a redefine su relación con individuos que manifiestan conductas desviadas, criminales o simplemente diferentes. Estas conductas ya no son percibidas como expresiones y problemas exclusivamente de, y entre, los componentes de las clases pobres, sino que ahora son vistas como amenazantes para ellos como clase media. Esta clase media, compuesta en su mayoría por los llamados “Baby Boomers”, comenzó a experimentar miedos y preocupaciones en torno a como estos comportamientos desviados, criminales o no, con o sin victimas, podía afectar sus vidas. Bien fuera efectos directos como la posibilidad de ser objeto de la violencia,  o de otras formas de agresión como sería el que  elementos desviados corrompieran sus hijos introduciéndolos a practicas criminalizadas como el consumo de sustancias psicoactivadoras o a conductas consideradas depravadas. (Wagner, 1997 Torny, 2004).

Este tipo de respuesta basada en el miedo es conocida en la sociología como un “Pánico Moral”.

–Moral Panic- Una condición, episodio, persona o grupo de personas surge para ser identificados como un peligro a los valores e intereses de la sociedad; su naturaleza es presentado de forma estilizada y estereotipada por los medios masivos; las barricadas morales son manejadas por editores, obispos, políticos y otra gente de bien y expertos socialmente acreditados producen diagnósticos y soluciones; se desarrollan o se recurre a formas de lidiar; la condición desaparece, se sumerge o se deteriora y se vuelve invisible. Algunas veces el sujeto de pánico es novel y en otras es muy visible. En ocasiones el pánico pasa y es olvidado, integrándose al Folclore o a la memoria colectiva; en otras ocasiones tiene efectos más serios y repercusiones a largo plazo y puede producir cambios legales o en la política social o en la forma en que la sociedad se concibe a si misma. (Goode E. / Benyehuda N. 1994)

Este concepto de “pánico moral” explica como en algunos momentos históricos en que las pasiones y frustraciones afectan las sociedades, se pueden producir respuestas al comportamiento desviado que en otras circunstancias no parecerían lógicas (Torny, 2004). 

Tomando como correcto y punto de partida para nuestro análisis este concepto de “pánico moral”; ¿Se pudiera decir que la respuesta social al uso de sustancias psicoactivadoras a finales de la década del 1970 y principio de los 80 llevó al desarrollo de medidas de represión social basadas en esos miedos? Aunque expresado en diferente forma, pensadores como Trony (2004), Goode (1993), Musto (1999), Wagner (1997), Courtright (2002) y Villa (2006) entre otros, apuntan a que la respuesta a la pregunta anterior es en la afirmativa. Las medidas antinarcóticos establecidas en los Estados Unidos durante y después del 1970, entre ellas la de sentencias mandatorias, son una respuesta al pánico moral. (Nakdai 2001, Torny, 2004).

La desesperación por buscar alternativas para controlar el mercado negro de sustancias (Nakdai 2001), y la inefectividad de las leyes para controlar este negocio proscrito (Villa 2006) llevo a la opinión pública a pensar que los jueces y magistrados estaban siendo muy lenientes al ejercer su prerrogativa judicial(Weinstein 2003, Nakdai 2001). Por otra parte algunos juristas se quejaban de inconsistencias en la aplicación de sentencias, ya que ante unos hechos similares un juez podía imponer la sentencia máxima en una instancia o poner otra muy leniente sin tener que dar explicación o rendir cuentas (Weinstein 2003, Nakdai 2001). Ante esta situaciones los legisladores estadounidenses, primero a nivel estatal y luego a nivel federal, desarrollaron este sistema copiado del Derecho Civilista, donde la ley estipula la pena a cumplir por la violación del estatuto (Weinstein 2003, Nakdai 2001). Interesantemente, la tendencia en algunos de los países civilistas es a dejar más autonomía para que los magistrados ejerzan sus criterios basado en su sabiduría al momento de imponer penas, dando paso a un sistema de justicia penal hibrido (Cepeda 2005, conferencia de clase).

Resumiendo, basado en los pensadores y a académicos citados anteriormente, se pudiera afirmar que tendencia de establecer requerimientos por ley de penas mínimas como castigo para algunas conductas, especialmente para los casos de mercado negro de sustancias controladas, puede haber surgido como respuesta ante el miedo social que, por las razones sociales económicas mencionadas anteriormente, se generó ante el aumento de estas conductas.

 

Referencias:

 

 

Beccaria, C. (2002) De Los Delitos Y De Las Penas. Buenos Aires: Editorial Lozadas

Courtright, David T. (2002) Las Drogas y la Formación del Mundo Moderno. Paidos Contextos. Barcelona, España

Goode, Erich (1993) Drugs in American Society, McGraw-Hill, Nueva York

Goode, Erich; Ben-Yehuda, Nachman (1994) Moral panics: culture, politics, and social construction, Annual Review of Sociology

Tepper, S. J. (2000)The Culture Wars: A Reassessment. Arts and Culture Art, Culture and the National Agenda Project. Accedido el 24 de enero del 2006 en: http://www.princeton.edu/~artspol/occaspap/Tepper-The%20Culture%20Wars.pdf.

Matta González, G. (2005) Relaciones Soviético-Norteamericanas Durante La Guerra Fría. Universidad De Viña Del Mar. Accedido el 10 de septiembre en: http://www.iri.cl/monografias2005/RELACIONES%20SOVI%C9TICO-NORTEAMERICANAS%20DURANTE%20LA%20GUERRA%20FR%CDA%20-%20Gabriela%20Matta.pdf

Nakdai, L. R. (2001)Are New York’s Rockefeller drug laws killing the messenger for the sake of the message? Hofstra Law Review, 30 no2 Wint 2001. Accesado el 5 de agosto 2006 a través de The H.W. Wilson Company.

Tonry, M. (2006) Thinking about Crime. New York, Oxford University Press.

Villa, J (2006) Crimen y Criminalidad en Puerto Rico: El Sujeto Criminal. San Juan, Ediciones Situm.

United States Sentencing Commission (1991) Mandatory Minimum Penalties in the Federal Criminal Justice System. Accesado el 15 de agosto 2006 en http://www.ussc.gov/r_congress/MANMIN.PDF

Wagner, D. (1997) The New Temperance: The American Obsession with Sin and Vice. Oxford, Westview Press.

Weinstein, I. (2003) Fifteen years after the federal sentencing revolution: how mandatory minimums have undermined effective and just narcotics sentencing.Am Crim Law Rev 40 no1 Wint 2003. Accesado el 5 de agosto 2006 a través de The H.W. Wilson Company.

 

 

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