Códigos de Orden Público

  

Códigos de Orden Público, criminalización de espacio y estética

Gary Gutiérrez

Universidad Interamericana de Puerto Rico

 

Abstracto

             Con la  implementación en algunos pueblos y ciudades de Puerto Rico de los llamados “Códigos de Orden Público” , conciente o inconciente, se reglamenta el espacio y la estética, estableciendo y oficializando estándares arbitrarios de bellezas. Según sociólogos y criminólogos, estas reglamentaciones son peligrosas, pues no tan solo castran la expresión de la individualidad, sino que etiqueta como delincuente a los individuos que simplemente tienen y expresan un valor estético diferente.

            Por tal razón los sociólogos y criminólogos tienen la responsabilidad de mantenerse atentos ante este patrón de comportamiento legislativo, para servir de orientación al pueblo de tal manera que la aceptación o rechazo de estas leyes esté basado en el conocimiento.

—————————————————————————————————————————-

El sentarse en la acera a comer un helado pudiera ser una violación de ley en muchos municipios de Puerto Rico.  De igual forma entretenerse el sábado por la tarde  “pimpiando” el carro frente a su casa, también está prohibido en algunos pueblos. Estos son solo algunos ejemplos de las reglamentaciones incluidas  en los llamados Códigos de Orden Público (Codigos S.F), estatutos que en nombre de “un ambiente seguro, atractivo y agradable” (Codigos S.F), se están implementando en los municipios del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

            Los Códigos de Orden Público es una serie de reglamentaciones que por virtud de la ley número 19 del 11 de abril de 2001, los municipios deben imponer a sus ciudadanos si es que quieren cualificar para recibir una aportación económica destinada a la seguridad pública que el gobierno central asigna a los pueblos. (Ley Municipios Autónomos 2001)

Esta ley incluye un nuevo artículo al Capítulo II sobre Poderes y Facultades del Gobierno Municipal de la Ley Núm. 81 de 30 de agosto de 1991, según enmendada, conocida como “Ley de Municipios Autónomos del Estado Libre Asociado de Puerto Rico de 1991”. El fin de esta enmienda según el proyecto de ley es “propiciar la adopción de Códigos de Orden Público por parte de los municipios, definir sus alcances y objetivos, establecer los requisitos para su adopción, crear un Fondo para subvencionar proyectos conforme a los propósitos de esta Ley”. Además crea un comité interagencial para que asigne los fondos necesarios. (Ley Municipios Autónomos 2001)

La idea surgió en San Juan para el año fiscal 1999-2000, (Codigos S.F) cuando la ex gobernadora, Sila María Calderón era alcaldesa de esa ciudad y luego se extendieron a toda la isla.  En realidad, no es una idea original, es una tendencia que se lleva desarrollándose en las ciudades estadounidenses desde la década de los años 90. (Ferrell J.  2001) Entre algunos sociólogos y criminólogos, esta tendencia es vista como la reglamentación de los espacios públicos con la intención de convertirlos en espacios estériles que solo reproduzcan los valores estéticos de las clases media y alta de los Estados Unidos. (Ferrell J.  2001)  Este proceso de hacer que el espacio público se vea más “seguro, atractivo y agradable”  es conocido como “la disnilandisación de la sociedad”, según el doctor en sociología Jeff Ferrell (2001) uno de los sociólogos que escribe sobre el tema.  

En sus escritos, Ferrell,  incluyen análisis sobre sus vivencias y enfrentamientos con el sistema cuando sobrevivió económicamente por un año como recolector de lo que encontraba en la calle y en zafacones (scavenger se le llama en ingles) (2006), sobre el tiempo que formó parte de un “crew” de graffiteros y del periodo que vivió “buscándoselas” económicamente como músico callejero (2001).  Todas estas actividades, de paso, están catalogadas como ilegales bajo los llamados Códigos de Orden Público.

Como se menciona arriba, mediante este estatuto la sociedad alega buscar “un ambiente seguro, atractivo y agradable” (Codigos S.F) ¿Qué es y quien define lo que es “un ambiente seguro, atractivo y agradable”. Obviamente, ya que ella fue quien hizo la ley,  se puede asumir que para la señora Calderón, es inseguro buscar en la basura para subsistir, no es atractivo ver deambulantes sentados en el piso y no es agradable que el vecino de 20 años arregle su carrito frente a la casa. Según Ferrell (1995), las prohibiciones antes descritas son ejemplos de valores estéticos y de estándares para usar los espacios impuestos por las clases altas. No se debe olvidar que la ex gobernadora Sila Maria Calderón pertenece a los estratos más altos del poder económico de Puerto Rico. Como es de conocimiento general, Calderón nació, se crió, se educo y trabajó en un nivel social privilegiado.

Basado en los trabajos de sociólogos como Ferrell (1995), se pudiera decir que el efecto de aprobar el primero de estos Códigos,  el aplicado en el sector turístico llamado Viejo San Juan, es la estipulación por ley de la visión estética de la clase a la que pertenece la Sra. Calderón. Estándares de belleza que con la idea de estos Códigos se ha esparcido por otros municipios. Con solo darle una lectura rápida a cualquiera de los múltiples ejemplos de Códigos de Orden Público aprobados posteriormente en otros municipios de Puerto Rico se puede ver como esos estándares de estéticas son reproducidos, conciente o inconcientemente, por los legisladores y alcaldes de esas localidades donde se implementaron Códigos copiando casi al pie de la letra el del Viejo San Juan. En muchos casos, parece que estos funcionarios ni siquiera están conciente de las repercusiones sociales de estas  prohibiciones y controles de leyes que terminan limitando la libertad de expresión individual de los ciudadanos (Tepper, S. J. 2000). Estos burócratas  se concentran en querer desarrollar estándares estéticos que permitan vender a sus ciudades como centros turísticos y de negocios a las compañías multinacionales de venta la detal (Ferrell J.  2001)  El  resultado que buscan es que este espacio parezca un parque de diversiones como los mantenidos por la multinacional Disney (Ferrell J.  2001). Un lugar homogéneo, donde todos son iguales porque comen la misma comida pre cocinada en lugares estandarizados como los llamados Fast Food, visten la última tendencia establecida por Gap y Old Navy  o la tienda de moda al momento y toman el mismo café latte doble, descafeinado con azúcar sintética de la cadena Starbucks. (Ferrell J.  2001)  Precisamente este fue el proceso que durante la década de los años 90, experimentó la zona de “Time Square” y en la calle 42 de la ciudad de New York. En menos de 10 años ese sector nuyeorquino se transformó 180 grados. De ser un centro de pequeños comercios locales frecuentados por todo tipo de personas como los marginados, los artistas, los libres de pensamientos y por supuesto los depravados; pasó a ser un enorme pabellón de fantasía controlado y  definido por los mogules de los “fast food” y de las cadenas de tiendas y entretenimiento. Todo este cambio y redefinición social bajo la supervisión de quien más, sino las Empresas Disney; apto para toda la familia (Ferrell J.  2001)  

¿Qué tiene eso de malo? ¿Por qué no es bueno que la calle 42 ya no sea un antro de perdición, prostitución  y de ventas de drogas, como lo era en los años 70?

Según pensadores como Ferrell (2001), el problema estriba en que con esa llamada limpieza promulgada por los políticos, se va también la libertad de los ciudadanos para  poder expresar su individualidad. Si la persona no quiere conformarse con ser una pieza más del mundo corporativo, no tiene cabida en ese nuevo mundo de “fast food” y multinacionales de las ventas al detal. Ese es un mundo donde, como aparenta estar pasando en Puerto Rico en este momento,  el joven que escribe un graffiti en un puente es condenado socialmente, incluso bajo el nuevo código penal del 2004 puede ser multado, pero donde se le paga decenas de miles de dólares un llamado artista para que haga el contorno de un avión en palmas en un lugar donde nadie lo ve. Mejor ejemplo aún, un mundo donde el que vive en la calle, por necesidad o porque como ser libre así lo decide (Ferrell J.  2006), no puede recoger un par de zapatos de un zafacón porque esta prohibido por el llamado Código de Orden Público.

Los ejemplos anteriores llaman la atención a otro efecto indirecto de ese tipo de leyes para el control estético de los espacios. Esto es la estigmatización como criminales de sectores por tienen formas de vivir diferentes a los de la cultura dominante o cuya forma de expresión social o artística no es del agrado de los funcionarios públicos. No está claro si esta estigmatización es lo que los legisladores y funcionarios tienen en mente al momento de la aprobación de estos estatutos, pero sociólogos como   Steven J. Tepper, (2000) entienden que cuando viene a la prohibición y censura de formas de expresión, pocas veces los legisladores saben lo que hacen y las repercusiones que sus medidas pueden tener a largo plazo. A esta alegada falta de conciencia legislativa, se le suma que el apoyo al derecho constitucional de la libertad de expresión no está en su mejor momento en los Estados Unidos, por lo que el público norteamericano esta dispuesto a cederlo a cambio de medidas de seguridad (Tepper, S. J. 2000). Por tanto no debe sorprender, la aprobación de estas medidas de control a las libertades individuales, ni  la poca resistencia que tienen  las mismas.

Volviendo a lo mencionado sobre el efecto estigmatizante que tiene la ley, el Dr Cecil E. Greek, (S.F.),  profesor de Justicia Criminal en South Florida Unverisity, explica partiendo de la teoría de la “etiqueta” de Howard Becker, que la sociedad asigna o impone una etiqueta a las personas que comenten actos desviados de la norma. Esta etiqueta no esta basada en la acción misma, sino en la prohibición de esa acción. En algunos casos, ante esta estigmatización producto de una desviación primaria o sencilla, como la violación de las leyes contra el graffiti,  la persona etiquetada puede asumir o creerse que este sello realmente lo define, que es decir que el es un desviado. Esta redefinición de si mismo hace más fácil que este joven, continúe por el camino de la marginalización social llegando a caer en comportamiento realmente criminal. (Becker 1963 en Greek,C. E. Dr. S.F.)  Es decir, la estigmatización como problemático de un joven graffitero puede, socialmente o sicológicamente, cerrarle las alternativas  legales para su subsistencia, por lo que eventualmente pudiera caer en verdadera conducta desviada o criminal.

Por esta razón la profesora cubana Marta Rodríguez González (2003) advierte sobre el uso de la reacción penal en casos en los que bastaría una respuesta social. Rodríguez González va mar lejos y estipula que el uso de una reacción penal a una conducta desviada menor, terminará generando más crimen.

Resulta un peligro no desdeñable, la penalización excesiva de la vida en sociedad. La variante jurídico penal de respuesta ante el crimen no debe entronizarse como la más favorecida a la hora de garantizar la anhelada pacificación social; precisamente por ser un recurso violento y dañoso se recomienda que sea usado solo como ultima ratio. (Rodríguez González M. 2003)

 

La educadora explica que ante comportamientos desviados, pero no criminales, se deben usar controles sociales más sutiles como “la familia, la educación, la ética, la religión, los medios de comunicación, la opinión pública, etc.” (Rodríguez González M. 2003) para lograr la rectificación de las conductas no deseadas.

…el uso hipertrofiado de la respuesta punitiva, propio de la maximización del Derecho Penal, solo significaría un aumento de la criminalidad detectada como lógico correlato a la ampliación de la represión penal; lo que no se traduce necesariamente en una disminución de la criminalidad real. El uso desproporcionado de la vía punitiva, lo que lograría a la postre sería el desarrollo de un control penal desordenado y arbitrario. (Rodríguez González M. 2003)

 

Así las cosas, aparenta que los sociólogos  y criminólogos en Puerto Rico, deben tomar un rol mas activo ante la radicación de medidas de control sociocultural y advertir al público sobres sus posibles efectos a largo plazo. De tal manera que si el País quiere dejar que sus políticos y burócratas busquen formas de desarrollar  “un ambiente seguro, atractivo y agradable” (Codigos S.F), no lo hagan restringiendo la oportunidad para que cada quien viva intensamente, expresando su individualidad,  disfrutando de las experiencias buenas y experimentado los conflictos que surgen de la interacción normal de los seres humanos.

De no ser así, por culpa de unos burócratas, la sociedad puede, como dijo el desaparecido poeta de la década del 70, “morir, sin saber cuando” (Hernandez J. S.F).

 

 

 

Referencias:

 

 

Códigos de Orden Público (S.F.) Ordenanzas Municipales Lex Juris. Accedido el 25 de enero del 2006 en http://www.lexjuris.com/ordenanzas/index.htm

Ferrell J. (2001) Tearing Down the Streets. New York, New York: Editorial Palgrave

Ferrell J. (2005) Empire of Scrounge, New York: Editorial New York University Press

Ferrell J. (2005) Culture, Crime, and Cultural Criminology. Journal of Criminal Justice and Popular Culture. Accedido el 24 de enero del 2006 en: http://www.albany.edu/scj/jcjpc/vol3is2/culture.html

Greek,Cecil E. Dr. (S.F.)  Criminological Theory. Florida State University Accedido el 14 de enero del 2006 en: http://www.criminology.fsu.edu/crimtheory/becker.htm

Hernández Colón J. (S.F.) Mujer de 26 años, Ponce Puerto Rico

Ley de Municipios Autónomos del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, enmendada (2001) Poderes y Facultades del Gobierno Municipal

Rodríguez González Marta (2003) El sistema penal como forma de reacción social frente a la criminalidad. Universidad Central de Las Villas. CUBA Accedido el 24 de enero del 2006 en: http://www.uclv.edu.cu/investigaciones/resultados/publicaciones

Tepper, Steven J. (2000) The Culture Wars: A Reassessment. Arts and Culture Art, Culture and the National Agenda Project. Accedido el 24 de enero del 2006 en: http://www.princeton.edu/~artspol/occaspap/Tepper-The%20Culture%20Wars.pdf.

 

Anuncios